Cascada Los Alerces

El ventisquero Negro del monte Tronador da origen a un río que en su extenso recorrido se interna en el agreste paisaje del Parque Nacional Nahuel Huapi, en territorio argentino, vinculando a varios lagos para luego cruzar la cordillera de los Andes por el Paso Cochamó. Al ingresar en territorio chileno vuelca sus aguas en la confluencia con el río Puelo, para finalmente desaguar en el océano Pacífico. Es el río Manso, descubierto por distintos exploradores a finales del siglo XIX.

Su irregular cauce, a veces impetuoso, otras más calmo, no entregó tan fácilmente sus secretos. Costó muchos esfuerzos y penurias la tarea de juntar los distintos tramos explorados.

El tono lechoso en sus nacientes se tiñe con infinitos reflejos ocres y rojizos al internarse en los frondosos bosques de lengas y ñires del Paso Vuriloche, para luego combinar distintos azules en las profundas aguas de los lagos, y un color verde esmeralda cuando su cauce se calma en los valles y espejos de agua que rodean el lago Hess.

Allí, el río Manso se interna en un abrupto paisaje encajonado entre paredes rocosas y un denso bosque de cañas colihue, protegido a la sombra de altos coihues, maitenes y algunos centenarios alerces. En su descenso, su correntoso cauce crea espumosos rápidos que se precipitan en cascadas hacia una profunda garganta escalonada, salvando un desnivel de unos 20 m. de profundidad, para finalmente calmarse en una gran hoya frente a un mirador en altura desde donde los visitantes pueden apreciar el bellísimo espectáculo que nos regala la cascada los Alerces.

Una suave bruma, originada por el torrente de agua en su precipitada caída, se eleva suavemente humedeciendo la vegetación y las rocas, creando íntimos jardines naturales cubiertos con musgos, helechos y aljabas con sus flores violáceas. Es un lugar donde la naturaleza se expresa con todo su encanto, pero no el único que el río Manso guarda en su extenso recorrido.