Caminar por las calles de Salta capital es una experiencia singular, miles de sensaciones confluyen armónicamente sobe todos y cada uno de los sentidos. Con solo respirar, podemos sentir un soplo de un aire fresco perfumado de azahares, entremezclándose caprichosamente con el aroma que despide una empanada salteña acompañada de un buen torrontés cafayateño que acaba de ser descorchado.
Un cúmulo de sensaciones
Salta también es sentir la historia, la vida misma de una patria que comenzó a forjarse en este norte. Caminar por su plaza principal obliga indefectiblemente a pararse frente al Cabildo Histórico, y con solo contemplar sus arcos y su torre nos transportamos automáticamente hacia el siglo XVII.
La plaza de Salta también mira hacia la Catedral, imponente templo de tres naves, que guarda en su intimidad los santuarios del Señor y la Virgen del Milagro, que cada septiembre son sacados en procesión acompañados por más de medio millón de fieles.
Por ser el centro neurálgico de la ciudad, sobre la recova de calle Mitre alberga uno de los tesoros más grande de la humanidad, los tres niños del Llullaillaco, de origen incas que durante siglos durmieron en la cumbre del volcán sagrado y hoy son celosamente custodiados en el museo de arqueología de Alta Montaña.
A pocas cuadras de la plaza están una serie de iglesias dignas de conocer, La Viña y San Francisco quizás pueden ser las más imponentes por su belleza arquitectónica, pero hay dos, tan antiguas como la ciudad misma que son fieles reflejos de una época colonial: San José y el Convento San Bernardo.
El Mercado Artesanal es una casona del siglo XVIII, con un gran parque de árboles centenarios, dando el ámbito ideal para que los artesanos de la provincia expongan sus productos.
Para obtener una panorámica de la ciudad, vale la pena ascender al Complejo Teleférico, cuya estación de salida está en el Parque San Martín y su estación de llegada se encuentra en la cumbre del Cerro San Bernardo. Allí, el visitante podrá encontrarse con uno de los principales atractivos, su imponente cascada artificial. En la cumbre, el visitante tiene a su disposición confitería, jugos infantiles, sendero ecológico, servicio de fotografía, locales de artesanías, gimnasio, anfiteatro, espacios verdes para esparcimiento, descensos en bicicleta y más, todo ello enmarcado en un ambiente de natural belleza.
LA VUELTA A LOS VALLES.
El circuito de los Valles es circular, concéntrico, un cruce inolvidable por caminos que no dejan de maravillar a propios y extraños, y pueblos que cautivan por su belleza elemental. Circular, sí, y también de colores intensos: esos ocres y colorados que se esparcen constantes sobre los cerros y quebradas que enmarcan el horizonte; y se tornan verde a la vera de ríos que insisten en fluir. Hacia el norte se extienden los Valles Calchaquíes, una de las regiones más bellas y asombrosas de la provincia por la cantidad de atractivos que atesora entre sus coloridas montañas. Paisajes espectaculares, muy diferentes unos de otros que se encuentran por encima de los 2.000 m. Es un viaje inolvidable, casi mágico, a través de una región forjada por una turbulenta historia preincaica y colonial. Por la Ruta Nacional 68, hay que mantener los ojos bien abiertos para disfrutar el camino que recorre la impactante Quebrada de las Conchas, de intensos colores y espectaculares formaciones geológicas, que están determinadas por la concentración de diferentes minerales en el suelo. Con puntos altos en El Anfiteatro y La Garganta del Diablo, podrá encontrar infinidad de figuras y formas en las piedras del camino si presta atención a la señalización que las anuncia.
Como punto central encontramos a Cafayate, ubicado aproximadamente 180 km. al sur de la capital, este “pueblo que lo tiene todo”, como asegura su nombre, presenta en el verano temperaturas primaverales y escasas heladas en invierno, consumando un clima propicio para la curación de enfermedades respiratorias. La ciudad es reconocida por su clima, sus paisajes y la amabilidad de sus habitantes; pero tiene aún otro protagonista destacado: el vino Torrontés. La combinación perfecta entre temperatura y humedad, permite la obtención de uva con un sabor dulce profundo, haciendo de las bodegas de la región, centros de atracción turística que ningún visitante deja de degustar.
Hacia el oeste, al límite de la provincia, a los pies de la Cordillera de los Andes, se encuentra la puna salteña. Es un altiplano ubicado a más de 3600 msnm. que ofrece picos montañosos con nieves eternas, volcanes, extensos mares de sal, minas abandonadas y en explotación, lagunas repletas de flamencos rosados y vicuñas mimetizadas en el paisaje. Y hacia el sur, tenemos paisajes con rico contenido histórico, donde se encuentran algunos importantes museos y monumentos como: Finca La Cruz, Quebrada de la Orqueta, Fuerte de Cobos y, Posta de Yatasto, que fueran escenarios de la gesta güemesiana y de las guerras por la independencia argentina.
AL NORTE, YUNGA Y CORDILLERA.
El norte está cubierto por una selva subtropical conocida como las yungas, donde se asientan las localidades de Pichanal, Embarcación, Tartagal, Aguaray, Salvador Mazza, Oran y Los Toldos. Es una zona de montañas con vegetación y grandes y caudalosos ríos aptos para la pesca de dorados, surubíes y bagres.
Otra de las opciones es San Lorenzo, donde el verde salteño se hace selva y la humedad decora y determina el paisaje. A tan solo 10 km. de la capital, tiene mucho más para ofrecer que su clima fresco y su magnífica vegetación bañada por arroyos cristalinos. Sus colinas albergan una importante variedad de flora y fauna que podrá conocerse todo el año a través de caminatas, cabalgatas, paseos en bicicleta, excursiones en cuatriciclo y safaris fotográficos. También en el norte salteño pero al este de las sierras donde se encuentran las yungas, está Iruya, un pequeño pueblo “colgado” de una meseta que avanza sobre una quebrada. Sus callecitas son estrechas, muy empinadas y cuidadosamente empedradas para evitar la erosión del suelo. Su arquitectura tiene una marcada raigambre precolombina, de gran valor cultural e histórico.
DIQUE CABRA CORRAL.
Este espejo de agua, mágica postal salteña, es el lugar ideal para el turismo alternativo y la práctica de deportes de agua. Situado a 65km de la ciudad, Cabra Corral es el segundo embalse más grande de Argentina, además de la principal reserva hídrica del NOA. Desde la navegación a vela, el esquí acuático o el kayak, pasando por los recorridos en motos de agua o catamarán, hasta los aventureros bungee jumping, tirolesa, tobogán de agua, o rafting en los rápidos del río Juramento, todas las actividades de entretenimiento están contempladas. Pudiéndose conjugar también la diversión con la observación de huellas de dinosaurios y algas fósiles en la exploración de cuevas con pinturas rupestres ubicadas en la vecina localidad de Guachipas.
A dos horas, en el Paraje de las Juntas, las Cuevas Pintadas son atractivo para grandes y chicos. Se trata de una serie de aleros con pinturas rupestres que datan de entre el 900 y el 1470 de nuestra era.
Para quienes prefieran otras opciones, se ofrecen cabalgatas y trekking por los montes y cerros lindantes con una inolvidable vista del lago. La pesca se da muy bien en este resguardo (pejerreyes, bogas, bagres y sábalos). Con guías especializados y el equipo adecuado, seguramente podrá disfrutar de algún trofeo para llevar a su casa.
Cómo llegar: al Aeropuerto Internacional Martín Miguel de Güemes, ubicado a 9 km. del centro de la ciudad, llegan vuelos desde Buenos Aires, Iguazú, Mendoza, Córdoba y Puerto Madryn operados por Aerolíneas Argentinas, Andes y LAN.
Dónde alojarse: la provincia cuenta con hoteles de todas las categorías, incluyendo 5 estrellas.
Informes: www.turismo.salta.gov.ar.
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