En Jardines del Rey las flores son muchas: los cayos de arenas finas y blancas, las aguas cristalinas y turquesas, el verde acérrimo de la vegetación, la profusión de colores de las barreras de coral y, por último, pero no menos importante, la excelente colección de propiedades de alto nivel, para que los pasajeros puedan disfrutar a lo grande de las primeras bondades enumeradas.
En rigor, el verdadero nombre del archipiélago es Sabana Camagüey y se ubica a lo largo de la costa norte de la Isla Grande, extendiéndose por los territorios de Matanzas, Villa Clara, Sancti Spíritus, Ciego de Ávila y Camagüey, ocupando una franja de aproximadamente 465 km. entre la península de Hicacos y la bahía de Nuevitas. Consta de 991 islas y cayos.
La belleza de estos pequeños islotes, unida a la exuberante naturaleza, confiere a este sitio el mismo hálito de virginidad que sorprendió a sus primeros descubridores. Por ello, Diego Velásquez, el Conquistador de Cuba, lo bautizó inicialmente como Jardines de Rey, en homenaje al soberano de España a principios del siglo XVI, Fernando El Católico.
Efectivamente, las más remotas noticias sobre le cayería se remontan a esas épocas, al punto que sitios como Cayo Romano sirvieron de refugio a los indios cubanos en sus enfrentamientos a las fuerzas de la Corona en 1511. Posteriormente, a finales del siglo XVl, junto con Cayo Coco fue guarida de corsarios y piratas, así como cuartel de famosos hombres de mar como Jacques de Sores, Henry Morgan y otros tantos que, gracias al comercio de rescate y saqueo a las propiedades de la Corona Hispana en las Antillas, se hicieron de fama y títulos nobiliarios. En las transparentes playas de estos dos cayos, mudos testigos de hechos trascendentales, desembarcaban los esclavos de los barcos negreros luego de prohibida la trata, y años después, llegaron numerosas expediciones de cubanos que lucharon contra el dominio colonial a finales del siglo XIX.
Los fértiles valles y la existencia de agua facilitó en Cayo Romano el asentamiento de prósperos hacendados en sus tierras y el posterior desarrollo de la ganadería y la apicultura, riquezas diezmadas por la ocupación del ejército español durante la Guerra de los Diez Años. En este mismo siglo, en Cayo Sabinal fue construido por esclavos chinos el faro Colón, segundo en el país por su altura de 52 m.
La naturaleza también es anfitriona en este sitio. En los cayos existen variadas formaciones vegetales, entre bosques, manglares y matorrales costeros. De la flora terrestre se han reportado 706 especies, de las cuales 126 son endémicas. Algunas poseen valor medicinal, ornamental, comestible y maderable, y pueden ser admiradas a través de senderos ecoturísticos de carácter interpretativo, como Las Dunas y Las Dolinas, en Cayo Coco. De la fauna terrestre se han reportado 958 especies, de las cuales 209 corresponden a las aves, muchas de ellas migratorias. Muy atractivas son las nutridas colonias de flamencos rosados que habitan en estas zonas, cuyas poblaciones se calculan entre las 12 mil y 15 mil parejas, así como los ibis blancos, ave zancuda endémica de la zona, que por su peculiar color es llamada “pájaro coco” y por la cual ha recibido su nombre el cayo homónimo. También pueden encontrarse mamíferos, anfibios y numerosas especies marinas.
Al ser menos conocido que otras zonas de la isla, como Varadero o Cayo Largo, Jardines del Rey recién comenzó a ser explotado por el turismo en 1990, cuando se construyó una carretera sobre el mar y las marismas que facilitó el tránsito y la exploración de este verdadero santuario natural, cuyo acceso hasta ese momento era únicamente marino. Esto explica por qué en esta zona no existen asentamientos ni pueblos.
Así, hoy en día en los cayos funciona una moderna planta hotelera de categoría 4 y 5 estrellas, en primera línea de playa y bajo la modalidad todo incluido. Restaurantes especializados, bares, discotecas, gran variedad de deportes náuticos, animación, piscinas, canchas de tenis, servicios médicos, TV, tiendas, guardería infantil, alquiler de coches, entre otras, forman parte de las comodidades existentes.
La cercanía de una barrera coralina de 400 km., considerada por los expertos como la segunda en importancia a nivel mundial –después de la Gran Barrera australiana– añade un toque de distinción a la oferta de Jardines del Rey, con más de 30 sitios de buceo para los amantes del submarinismo, en aguas de temperatura agradable y excelente visibilidad.
SANTA MARIA.
Mar a la izquierda, mar hacia la derecha, el camino divide aguas y separa la Cuba terrenal del paraíso de los cayos de Villa Clara. El pedraplén –tal como se conoce a esta construcción artificial– se extiende por 50 km. para finalmente adentrarse oficialmente en territorio de playas y relax. Este emprendimiento, que obtuvo el Premio Puente de Alcántara a la Mejor Obra Civil Iberoamericana, consta de 46 puentes que mantienen el flujo de agua de un lado a otro de la bahía de Buenavista, lo que propicia que el ecosistema no sufra daños.
Para empezar, Cayo Santa María fue declarado por la Unesco “Reserva de la Biosfera”, porque allí conviven masivas colonias de flamencos, gaviotas, corúas, lagartos, iguanas, moluscos y el pájaro tocororo, reconocido como ave nacional. El territorio está prácticamente cubierto por manglares de un verde intenso y existen diferentes especies de palmeras, árboles frutales y cocoteros.
Sus 13 km. de largo por 2 km. de ancho, lo convierten en el mayor de los islotes del área (18 km²). Sus playas abarcan 11 km. y la barrera coralina lleva al mínimo el oleaje y las marejadas.
En Cayo Santa María –también conocido como la Rosa Blanca de los Jardines del Rey– no solo abunda el sol, sino también los resorts ideales para disfrutarlo con las máximas comodidades, siempre a la vera del mar turquesa:
-El complejo de bungalós Barceló Cayo Santa María cumple con todas las exigencias 5 estrellas con el agregado de estar conectado con un nuevo emprendimiento: el pueblo extrahotelero La Estrella. Se trata de una reproducción de las coloniales calles cubanas, con locales pintados coloridamente donde se pueden encontrar diversas facilidades, desde restaurantes (italiano, gourmet y japonés) y heladerías hasta un bowling o una discoteca. Vale destacar su lujoso spa, que se abre con una gran piscina seguida de un jardín zen con gazebos donde las especialistas se encargan de los masajes. Además del spa, el sauna y la ducha escocesa, se ofrecen tratamientos a base de chocolate, algas, esencias aromáticas, naranja y cristales de mar. El pueblo La Estrella está abierto a todos los turistas e incluso hay un servicio de shuttle que pasa por todos los hoteles del área.
-La cadena Sol Melíá, que dispone de más de 10 mil habitaciones en toda Cuba, presenta los 5 estrellas Meliá Las Dunas y Meliá Cayo Santa María y el 4 estrellas Sol Cayo Santa María. Todos se caracterizan por su sistema all-inclusive, confortables habitaciones, piscinas inmensas, programas de entretenimiento y una ambientación cuidada y atractiva. El descanso en la playa se puede complementar con los servicios del Yhi Spa, ubicado en el Meliá Cayo Santa María, que ofrece masajes y circuitos hidrotermales, entre otras facilidades. A ello se suma el Meliá Buenavista Planta Real, inaugurado en diciembre de 2010, que brinda “Servicio Real” en sus 105 habitaciones. Este hotel para pasajeros exigentes solo recibe huéspedes mayores de 18 años.
ENSENACHOS Y LAS BRUJAS.
Tiempo atrás, Ensenachos se trató de un asentamiento aborigen, ya que sus 1,7 km. de extensión contienen grutas que guardan testimonio de la antigua presencia humana en el islote.
Hoy este enclave se distingue por su planta hotelera, ya que aquí el sueño de mieleros y parejas igualmente melosas tiene nombre y doble apellido: Royal Hideaway Ensenachos. La propiedad premium cuenta con tres secciones; la más exclusiva, Royal Suite Villas, dispone de 46 suites de lujo, recepción propia, servicio de mayordomo y el restaurante Royal Club. El establecimiento es miembro del exclusivo grupo Small Luxury Hotels of the World y hay quien dice que sus cocineros son los mejores de todo el país. Solo apto para adultos, brinda servicios de jacuzzi, gimnasio y piscinas. En el edificio principal de la propiedad está el resto de los establecimientos gastronómicos: Azia (comida oriental), Palazzo (especialidades italianas) y Ventanas (cocina internacional). Tratando de preservar al máximo la naturaleza original, los caminos hacia los complejos de habitaciones se trazan entre flores y arbustos endémicos, mientras un extenso puente de madera atraviesa los manglares para desembocar en una de las mejores playas del Caribe: El Mégano, una amplia herradura de arena que se inclina suavemente hacia las aguas mansas del cayo.
En tanto, Cayo Las Brujas posee una superficie de 6,7 km², donde una intrincada red de canales permite la pesca en lanchas. Las especies marinas más abundantes son: pargos, rabirrubias, cuberas, aguajíes, dorados, róbalos y sábalos. Además, posee un centro internacional de buceo y la Marina Gaviota, desde donde se puede iniciar un paseo en catamarán que lo tiene todo. La nave, convenientemente equipada con bebidas y el almuerzo, para en primer lugar en un refugio de delfines entrenados, luego pasa junto al varado buque San Pascual y llega finalmente a un paraje –cerca de Cayo Francés– del que los peces de colores han hecho su reducto. Allí será momento de calzarse las patas de rana y las antiparras para sumergirse y fisgonear entre corales y restos de barco hundido para descubrir las especies más escurridizas.
En cuanto al alojamiento, el Villa Las Brujas presenta 24 bungalós de 3 estrellas que califican como uno de los mejores lugares en toda la cayería para sumergirse en la vida natural. Además, en Cayo Las Brujas existe una terminal y pista aérea capaz de recibir naves de pequeño y mediano porte.
CAYO COCO Y GUILLERMO.
Cayo Coco, al norte de la provincia de Ciego de Ávila, ocupa la cuarta posición en extensión en el archipiélago cubano, con un área de 370 km², y 22 km. de excelentes playas complementadas con una vegetación de manglares y cocoteros.
Numerosas colonias de flamencos y otras aves migratorias lo eligen como sitio de escala obligada, situación que el hombre se ha encargado de preservar con la construcción de una infraestructura turística que busca en primer lugar respetar el entorno natural. Además de hotelería, Cayo Coco se distingue por contar con el aeropuerto internacional Jardines del Rey.
Este universo de playas de arena blanquísima, acariciadas por las aguas verdes-turquesas del mar, es capaz de colmar los sueños de cualquier individuo que quiera descubrir un lugar mágico y casi virgen. Así lo soñó el afamado escritor Ernest Hemingway –también Premio Nobel de Literatura–, quien aquí pasaba sus inolvidables jornadas de pesca.
Cayo Coco está rodeado por una barrera coralina que contiene una gran abundancia y diversidad de especies, en una profundidad que va de los 5 m. a los 30 m., con aguas muy cristalinas. Los arrecifes tienen una longitud de 32 km. aproximadamente y son conocidos por su variedad de gorgonias y esponjas, y la posibilidad de encontrar rayas y tortugas. Las inmersiones se pueden efectuar desde 20 sitios.
En este sentido, los puntos principales son:
-La Jaula: con una profundidad de 30 m., aquí se combina la presencia de grandes gorgonias, esponjas de diversas formas y colores, con grandes pargos, meros, rayas y obispos. Frecuentemente se ven tiburones de la especie de arrecife y el gata.
-Las Coloradas: con una profundidad de 12 m., se distingue por su fondo muy irregular, con pequeñas cuevas, grietas y túneles, donde se encuentran cardúmenes de sábalos, grandes peces loro, isabelitas reinas, peces ángel y una gran población de especies pequeñas.
-Casasa: con una profundidad de 5 m., su mayor atractivo es la presencia de grandes barracudas, tortugas de varias especies, rayas y cajíes.
-Los Tiburones: con una profundidad de 16 m., esta zona está formada por grandes rocas de origen coralino que en sus bases presentan pequeños canales intercomunicados entre los que se mueven tiburones de arrecife, meros, pargos, civiles, gallegos y peces coralinos medianos.
Por otra parte, en la familia de los cayos de la zona, Guillermo es uno de los de menor tamaño, con apenas 18 km², aunque abundantes en una flora que incluye especies como la caoba, los almácigos y las sabinas.
Su territorio cuenta con 5 km. de hermosas costas de arena, con la particularidad adicional de ostentar dunas de hasta 16 m. de altura. Una de las playas se llama El Pilar, en honor al yate que era propiedad de Ernest Hemingway, quien se allí se inspiró para escribir su afamada obra El Viejo y el Mar.
Media Luna, un cayo que se avizora desde Playa Pilar, invita a sumergirse en las profundidades y practicar el snorkeling en la barrera coralina cercana, donde existe una variada fauna marina, con más de 120 especies de peces y un barco hundido.
Las flores más bellas de Jardines del Rey
¿Cómo llegar?: en Cayo Coco existe un moderno aeropuerto internacional, aunque de todas maneras está comunicado mediante vuelos domésticos con los principales destinos turísticos de la isla. Por carretera, una autovía de 17 km. sobre el mar enlaza a Cayo Coco con la red nacional de carreteras del país. A su vez Cayo Coco, Cayo Guillermo y Cayo Paredón Grande están enlazados por una red de viales que facilitan el vínculo directo entre las ínsulas. Por mar, la marina Cayo Guillermo brinda servicios de trámites migratorios y aduaneros a bordo. En el caso de Cayo Santa María, el mejor modo es arribar al aeropuerto internacional Abel Santa María, de la ciudad de Villa Clara, y tomar un transfer que llega a los cayos a través del pedraplén en poco más de una hora.
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