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Costa Rica y el misterio de la longevidad: las claves de la zona azul de Nicoya

En Costa Rica, la Península de Nicoya guarda los secretos de una vida larga y plena gracias a la naturaleza, la comunidad y el equilibrio diario.

La pregunta que muchos investigadores se hacen desde hace años es simple: ¿por qué en este rincón costarricense la gente envejece de forma tan distinta al resto del mundo? La respuesta no está en una fórmula secreta, sino en costumbres que se transmiten de generación en generación desde hace décadas.

Por qué la Península de Nicoya es una de las cinco zonas azules del mundo

El fenómeno de Nicoya no es un caso aislado ni una casualidad reciente. Desde hace tiempo, científicos de distintas partes del mundo estudian esta zona junto a otras cuatro regiones que comparten características similares de longevidad: Cerdeña en Italia, Okinawa en Japón, Icaria en Grecia y Loma Linda en Estados Unidos.

La Zona Azul costarricense se ubica sobre el Pacífico y comprende los cantones de Nicoya, Santa Cruz, Carrillo, Hojancha y Nandayure. Ahí conviven cuatro elementos que, combinados, explican buena parte del fenómeno: una dieta saludable, movimiento constante en el día a día, lazos comunitarios sólidos y un vínculo cercano con el entorno natural.

Las cifras respaldan lo que se observa a simple vista. El Ministerio de Salud de Costa Rica registra a más de 900 personas mayores de 90 años y más de 60 mayores de 100 en la región, y una gran parte de ellos mantiene una vida activa e independiente. Pero los números son solo una parte de la historia: lo que realmente distingue a Nicoya son sus habitantes mayores, que siguen involucrados en la vida de sus comunidades y siguen transmitiendo un modo de entender el bienestar que no pasa de moda.

Cuáles son los hábitos de vida que explican la longevidad en Nicoya

No existe una única variable que explique por qué en Nicoya se vive tanto y tan bien. Sin embargo, los especialistas coinciden en identificar ciertos patrones que se repiten entre sus habitantes mayores:

  • Una dieta basada en alimentos frescos y de producción local, donde frutas, verduras, legumbres y maíz ocupan un lugar central en la mesa diaria.
  • Actividad física integrada de forma natural a la rutina, sin necesidad de rutinas de gimnasio, simplemente a través del trabajo y las caminatas cotidianas.
  • Redes familiares y comunitarias que sostienen el bienestar emocional y funcionan como red de contención en cada etapa de la vida.
  • Un sentido de propósito que acompaña a las personas mayores, manteniéndolas activas y presentes dentro de su comunidad.
  • Un contacto diario con la naturaleza que ordena el ritmo de vida hacia algo más pausado y equilibrado.

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