Por años, el Louvre estuvo y estará donde debe estar. Impertérrito, inamovible, imponente. Lo mismo que la torre Eiffel y Notre Dame, íconos de París siempre flanqueados por infinitas colas de turistas que parecen no avanzar nunca. Pero debajo de esa cáscara atestada de postales tradicionales, la capital de Francia se erige como una auténtica fuente de sorpresas. Sólo basta con escaparse un poco de lo que proponen los programas turísticos y dejarse llevar para poder descubrir lo que la ciudad es capaz de mostrarle a quien la incorpore a su vida, aunque sólo sea por unos días.
Es que cuando uno se distrae, París ha ido y ha vuelto varias veces. Donde antes había un café, ahora hay un "concept-store" o sea un local que propone, además de comprar, la posibilidad de sentarse a hojear unas revistas, relajarse tomando una infusión o degustar alguna delicia de la cocina regional.
En ésta temática, se destaca el espacio So WeAre, donde se conjugan aromas delicados, objetos y ropa de diseño, en una atmósfera con personalidad. Es cierto que no es un lugar de precios populares, pero vale la pena acercarse y conocerlo. Se localiza en la Rue de Charonne, muy cerca del metro Bastille, en el 11 arrondisement.
Otra de las tiendas imperdibles, en esta caso con precios muchos más convenientes es Antoine et Lili. Allí, las vidrieras se visten con objetos coloridos que van desde una lámpara de pie hasta ropa y jabones artesanales. Con un poco de paciencia, cada quién encontrará qué regalarse y regalar. Una de sus sucursales se ubica en el 95 del quai de Valmy, en el 10 arrondisement.
Subiendo la colina de Montmartre, en los alrededores de la plaza du Tertre, hay una serie de tiendas pequeñas en las cuales encontraremos los clásicos souvenirs de la ciudad: elementos para la cocina, ropa interior, paraguas, remeras y, por supuesto, la clásica torre en miniatura. Las hay para todos los gustos: algunas con brillos, otras rústicas, las más delicadas en cristal y las rosa flúo, ideales para sorprender a las niñas de la familia.
También habrá viajeros que elijan regalarse placeres efímeros cómo la gastronomía.
En ese caso, los mercados de alimentos que se disponen por las calles del barrio Latino o en el Boulevard Raspail, de Saint Germain de Pres, son una cita imperdible para quienes visitan la ciudad.
Muy cerca de allí, sobre la orilla izquierda del Sena, entre el Pont Neuf y el Museo de Orsay, el viajero encontrará los clásicos puestos de libros usados que actualmente venden, además, pequeñas obras de arte de artistas locales, fotos antiguas, imanes y postales.
Toda la atmósfera que se vive en allí es inigualable, y conforma otra manera de dejarse llevar por los vericuetos más encantadores de París.
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