¿Cuál es el elemento más importante de una habitación de hotel? La cama, sin dudas. Después, excepto la limpieza, viene lo demás: equipamiento, dimensiones, vista, etc.
Así lo entendió la compañía Starwood cuando, en 1999, decidió lanzar las "Heavenly Beds" para su cadena Westin. Camas verdaderamente celestiales, súper mullidas, que fueron rápidamente replicadas por todos sus competidores. Lógico: no hay nada como un buen descanso, aspecto que hasta entonces los hoteleros tenían relegado.
A partir de entonces, la industria de la hospitalidad se nutrió de algunas innovaciones, pero ninguna de tamaña significación. Hoy, al compás de las nuevas tecnologías, sobresalen algunos items que apuntan a hacer más descansada y placentera la vida entre esas cuatro paredes.
La Smart Chair es todo un ejemplo. Una iniciativa del grupo Wyndham que lleva la firma del célebre estudio de diseño de Michael Graves que, aunque focalizada en las necesidades del viajero de negocios, cualquier huésped podrá disfrutar. Se trata, como su nombre lo indica, de una "silla inteligente" con mesita giratoria para trabajar o comer, enchufe para conectar una laptop o un MP3, puerto de conexión a Internet y un bolsillo lateral para diarios o revistas.
¡Enhorabuena! Estoy harto de alojarme en hoteles de categoría cuyos escritorios son un monumento a la incomodidad, donde cuesta encontrar los enchufes para electricidad y provistos, casi siempre, de sillas en declarada guerra contra la ergonomía.
Las Smart Chairs ya están instalándose en algunos establecimientos de esa cadena texana.
Un elemento que los hoteleros están comenzando a reemplazar son los radiorelojes. No entiendo como propiedades de cuatro y cinco estrellas pueden todavía tener sobre la mesita de luz un barato esperpento plástico que impide sintonizar bien una emisora y mucho menos programar el despertador, tarea que requiere un curso universitario.
Por suerte, comienzan a verse equipos de buenas marcas que -en algunos casos- incluyen puertos para conectar iPods, el nuevo compañero de ruta del viajero moderno.
Otras novedades son mucho más sofisticadas. La que más me sorprendió es la del Regent Bal Harbour, hotel que está inaugurándose por esos días en ese sofisticado suburbio miamense. En el gran espejo de sus baños hay disimulado un TV de plasma que solo se observa si está prendido. Ideal para la hora del maquillaje o de la afeitada. Además, estos cuartos disponen de ventanales de pared a pared, aunque no aptos para exhibicionistas (los vidrios están polarizados por fuera) ni para recatados (hay cortinados eléctricos).
Pero más allá de estos adelantos, ¿qué es lo que más desean los huéspedes frecuentes? Según una encuesta, mejores luces para leer en la cama (una asignatura pendiente, por cierto), mayor espacio en el baño para colocar sus elementos de tocador, cajas de seguridad con espacio para laptops (algunos hoteles ya las tienen) y dos aspectos ya mencionados: relojes despertador que se programen con facilidad y sillas de trabajo más cómodas.
No es mucho pedir. Hoteleros: tomar nota, por favor.
Así lo entendió la compañía Starwood cuando, en 1999, decidió lanzar las "Heavenly Beds" para su cadena Westin. Camas verdaderamente celestiales, súper mullidas, que fueron rápidamente replicadas por todos sus competidores. Lógico: no hay nada como un buen descanso, aspecto que hasta entonces los hoteleros tenían relegado.
A partir de entonces, la industria de la hospitalidad se nutrió de algunas innovaciones, pero ninguna de tamaña significación. Hoy, al compás de las nuevas tecnologías, sobresalen algunos items que apuntan a hacer más descansada y placentera la vida entre esas cuatro paredes.
La Smart Chair es todo un ejemplo. Una iniciativa del grupo Wyndham que lleva la firma del célebre estudio de diseño de Michael Graves que, aunque focalizada en las necesidades del viajero de negocios, cualquier huésped podrá disfrutar. Se trata, como su nombre lo indica, de una "silla inteligente" con mesita giratoria para trabajar o comer, enchufe para conectar una laptop o un MP3, puerto de conexión a Internet y un bolsillo lateral para diarios o revistas.
¡Enhorabuena! Estoy harto de alojarme en hoteles de categoría cuyos escritorios son un monumento a la incomodidad, donde cuesta encontrar los enchufes para electricidad y provistos, casi siempre, de sillas en declarada guerra contra la ergonomía.
Las Smart Chairs ya están instalándose en algunos establecimientos de esa cadena texana.
Un elemento que los hoteleros están comenzando a reemplazar son los radiorelojes. No entiendo como propiedades de cuatro y cinco estrellas pueden todavía tener sobre la mesita de luz un barato esperpento plástico que impide sintonizar bien una emisora y mucho menos programar el despertador, tarea que requiere un curso universitario.
Por suerte, comienzan a verse equipos de buenas marcas que -en algunos casos- incluyen puertos para conectar iPods, el nuevo compañero de ruta del viajero moderno.
Otras novedades son mucho más sofisticadas. La que más me sorprendió es la del Regent Bal Harbour, hotel que está inaugurándose por esos días en ese sofisticado suburbio miamense. En el gran espejo de sus baños hay disimulado un TV de plasma que solo se observa si está prendido. Ideal para la hora del maquillaje o de la afeitada. Además, estos cuartos disponen de ventanales de pared a pared, aunque no aptos para exhibicionistas (los vidrios están polarizados por fuera) ni para recatados (hay cortinados eléctricos).
Pero más allá de estos adelantos, ¿qué es lo que más desean los huéspedes frecuentes? Según una encuesta, mejores luces para leer en la cama (una asignatura pendiente, por cierto), mayor espacio en el baño para colocar sus elementos de tocador, cajas de seguridad con espacio para laptops (algunos hoteles ya las tienen) y dos aspectos ya mencionados: relojes despertador que se programen con facilidad y sillas de trabajo más cómodas.
No es mucho pedir. Hoteleros: tomar nota, por favor.


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