La noticia conmovió al mundo y, particularmente, a los argentinos: el 13 de marzo, después de la fumata blanca, se anunció que Jorge Bergoglio –hoy Francisco– es el nuevo Papa. Por primera vez en la historia de la Iglesia, el trono de San Pedro es ocupado por un Sumo Pontífice de origen latinoamericano.
Habemus otro gran motivo para viajar
Por estas latitudes costó salir del asombro. O, mejor dicho, todavía no se puede salir de él. Y la Franciscomanía llegó para quedarse.
Mientras en Buenos Aires ya se ofrecen tours temáticos y se multiplica el merchandising, muchos sueñan y planean un viaje a Roma para visitar la Ciudad del Vaticano y, con mucha fortuna, asistir a alguna de las audiencias públicas del Papa en la plaza de San Pedro.
FE, ARTE Y EMOCION.
Es un lugar común observar a viajeros de todo el mundo enjugarse las lágrimas al ingresar a la basílica de San Pedro, y que muchos de ellos confiesen no ser católicos. Sucede que tal es la magnificencia, la expresión artística y la energía que alberga el templo más grandioso de la cristiandad, que enmudecer es lo mínimo que le puede suceder al visitante.
La basílica se erige en el mismo sitio en el que Calígula ordenó la construcción de un circo y donde San Pedro fue martirizado en el año 67.
Nada menos que Bramante, Rafael, Miguel Ángel, Sangallo y Maderno fueron algunos de los arquitectos que trabajaron en su construcción.
Entre los tesoros que alberga sobresale la Cátedra de San Pedro, una de las obras mejor logradas de Bernini, quien también creó el baldaquino de bronce (material procedente del Panteón) que se ubica sobre la tumba del apóstol.
A pocos metros, en la parte derecha de la nave central, se encuentra la estatua de bronce de San Pedro, a la que todos los fieles se acercan para acariciar su pie izquierdo, pedir y agradecer.
Asimismo, en la primera capilla de la nave sur se encuentra La Piedad, escultura realizada por Miguel Ángel cuando tenía apenas 25 años. Es la única completamente acabada y firmada por su autor.
Él también fue el creador de la fastuosa cúpula de la basílica, desde cuya parte superior se obtiene una impactante vista panorámica de Roma y de la plaza de San Pedro, la obra más importante de Bernini como arquitecto. Ésta ostenta 244 columnas de travertino –alineadas en cuatro filas y coronadas por 140 estatuas de santos y mártires–, dispuestas como los brazos abiertos de la Iglesia hacia el mundo.
En el Vaticano también se visitan las Grutas Vaticanas –donde se encuentran las tumbas de los papas Pío XI, Pío XII, Pablo VI y Juan Pablo I–, la Necrópolis Vaticana –allí yace la tumba de Pedro–, los Jardines Vaticanos y el Museo del Tesoro de la Basílica, que alberga utensilios litúrgicos y objetos históricos.
LA CAPILLA SIXTINA.
Junto a la basílica se encuentran los Museos Vaticanos. Como mínimo se debe dedicar una jornada completa para recorrerlos, ya que en total son 8 km. de senderos y galerías sin desperdicios.
Los Museos Vaticanos son la sede de la Capilla Sixtina y un complejo museístico excepcional, que incluye el Museo Pío Clementino –las mejores piezas están expuestas en el patio oxogonal, entre ellas el grupo “Laocoonte y sus hijos”–, las Estancias de Rafael (quien fue convocado para decorarlas; allí está la Cámara de la Signatura, donde se destacan los frescos “La disputa del Santísimo Sacramento” y “La escuela de Atenas”, entre otras); la Pinacoteca; la exposición del Antiguo Egipto del Museo Gregoriano Egizio; y las piezas etruscas del Museo Gregoriano Etrusco.
Sin dudas, el momento cumbre del recorrido es el del ingreso a la Capilla Sixtina. Es allí mismo donde se realiza el cónclave para la elección de los Papas.
Además, el valor artístico es inconmensurable: la bóveda fue pintada por Miguel Ángel, quien la subdividió en partes, con temas del Antiguo y Nuevo Testamento, y de la mitología clásica, destacándose las obras “La creación del hombre”, “La expulsión del Paraíso” y “La creación del sol y de la luna”.
La pared del fondo de la capilla también es obra de él. Los 200 m2 están enteramente ocupados por “El juicio universal”, una sola escena de intensa capacidad expresiva con 391 figuras que giran en torno a la imagen de Cristo, con los elegidos a su lado y abajo los condenados, conducidos al infierno.


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