Cuando uno camina por el señorial Paseo de Montejo, resulta imposible tomar como cierta aquella descripción que hiciera un cronista español de la conquista de Yucatán: "Un lugarejo de indios mayas aposentados en chozas de paja y madera y restos de algunos edificios en alto grado sorprendentes y bellos que coronaban agrestes cerros cubiertos de añeja arboleda". Y es que, para ser precisos, la acuarela no responde a la Mérida de hoy, sino a la población maya que la antecedió: Ichkansihó. Los españoles llegaron allí en el marco de la Tercera Campaña de Conquista de la Península de Yucatán. Un día de Reyes de 1542, Francisco Montejo y León, "El Mozo", fundó la "muy noble y muy leal ciudad de Mérida".
Y entonces la urbanización maya fue desapareciendo en manos del cuadriculado español, y las piedras de las antiguas construcciones fueron la materia prima para la comunidad hispana que con el correr de los años se convertiría en capital del Estado de Yucatán.
Como toda creación urbana hispánica, la vida social y política se constituyó en torno a un ágora: la Plaza Grande. A su alrededor las propiedades más importantes: la Catedral, el Palacio Municipal y la Casa de Montejo, el fundador. La residencia del padre de Mérida fue modificada en varias ocasiones y solo conserva de sus primeros días la fachada que es considerada el exponente del arte plateresco más destacado de México. Sin duda alguna uno de los aspectos más sobresalientes de aquel frente que data de 1549 es la ornamentación dominada por dos soldados españoles esculpidos en bajorrelieve, que pisotean un par de calaveras: un brutal testimonio de poder y de cómo los españoles doblegaron a los mayas.
La catedral, a un costado de la Casa de Montejo, está advocada a San Ildefonso y se trata de la más antigua erigida por los conquistadores en tierra firme americana y la segunda del continente, tras la de Santo Domingo. Se levantó en 1561 por orden del rey español Felipe II. De fachada renacentista, su interior en cambio apela al estilo morisco. Alberga, además, dos célebres y veneradas estatuas: el Cristo de las Ampollas y el Cristo de la Unidad.
La ciudad blanca, puerta del pasado maya
El Palacio Municipal es otro de los edificios históricos de Mérida, aunque no se remonta a la conquista. La estructura actual fue construida entre 1734 y 1736.
LA EDAD DE ORO.
La recorrida por el Paseo de Montejo, acaso la más importante avenida de Mérida escénicamente hablando, tampoco se remonta a la colonia. No se ven allí las típicas construcciones blancas, chatas, espartanas en un punto y con profusión de patios. No, allí dominan los palacetes franceses de fin del siglo XIX.
Desde tiempo inmemorial, los mayas trabajaban -tejían y trenzaban para ser precisos- el ki: una planta original de Yucatán. Para los pueblos originarios se trataba de un regalo de los dioses y se atribuye el descubrimiento de sus virtudes a un sacerdote maya llamado Zamná, que habitaba Chichén Itzá. Los españoles conocieron la planta con el nombre de henequén. Científicamente se denomina agave foucroydes y tiene una larga nómina de aplicaciones. Con ella se fabrican jarcias, cuerdas, cordones y hasta alfombras. Tantos y tan desarrollados fueron sus usos que llegó a denominarse "oro verde" y Yucatán fue el epicentro de buena parte de su industria.
El Paseo de Montejo, concebido y desarrollado como una gran avenida parisina, fue el espacio elegido por los grandes terratenientes que se beneficiaban de cultivar, cosechar, procesar y vender el oro verde. Recién la invención y difusión de las fibras artificiales, a mediados del siglo XX, significó el declive de la producción de henequén.
La sucesión de palacetes es extensa, uno de los más destacados es el denominado Palacio Cantón, que fuera utilizado varios años como residencia del gobernador del Estado de Yucatán (hoy reconvertido en Museo de Antropología e Historia estatal). Pero hay otras mansiones afrancesadas como las casas Vales, Peón de Regil, Cámara, del Minarete y la Quinta Montes Molina.
En un extremo del Paseo se encuentra el Monumento a la Patria, obra del escultor Rómulo Rozo. El artista colombiano talló en piedra esa obra que representa la historia de México desde la fundación de Tenochtitlán, apelando al estilo mesoamericano. En sus imágenes se representan elementos y símbolos típicos como el escudo del Estado de Mérida, el chaac mool (una típica escultura mesoamericana), una choza maya, dos caballeros tigres armados y un águila devorando una serpiente (el escudo de México y parte de la leyenda de la fundación de Tenochtitlán), entre otros.
CHICHEN ITZA.
A tres horas en bus desde Mérida, hacia el este por la ruta 180, se encuentra Chichén Itzá, en el corazón de la península. Se trata de uno de los yacimientos mayas de mayor preponderancia, entre otros aspectos, por su mezcla. Es un sitio maya, pero con una notable influencia tolteca. Es por eso que el dios más importante presente y representado en el yacimiento es Kukulcán, la divinidad serpiente, equivalente al Quetzalcóatl maya.
Convertido en Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988, el yacimiento fue declarado como una de las nuevas Siete Maravillas del Mundo en 2007. Fundada alrededor del 500 de nuestra era, el esplendor de Chichén Itzá se produjo en torno al año 900, en el denominado período clásico tardío.
La estructura más destacada del complejo es la denominada Pirámide de Kukulcán, de forma rectangular, escalonada y con una altura de 24 m. Cada lado de la pirámide tiene una escalinata que conduce al último nivel, donde hay un templo. En la base de las balaustradas que flanquean cada escalinata se encuentra una cabeza de serpiente emplumada: Kukulcán. Según la época del año, en los equinoccios, al atardecer el sol se refleja de tal modo en la balaustrada que su sombra asemeja la de una serpiente que repta muy lentamente hacia la tierra donde tiene su cabeza apoyada.
En Chichén Itzá también se encuentran otras construcciones como el campo de juego de pelota o el Templo de los Guerreros o de las Mil Columnas, y la tradicional estructura conocida como El Caracol.
DZIBICHALTUN.
A solo 17 km. al norte de Mérida, avanzando hacia Progreso, se encuentra Dzibilchaltún, uno de los sitios arqueológicos más conocidos del Mundo Maya. La estructura más famosa es el denominado Templo de las Siete Muñecas, bautizado así en honor a siete pequeñas efigies desenterradas en el sitio.
Se trata de una de las ciudades más antiguas de la civilización maya, su existencia se remonta al 500 antes de Cristo y su esplendor se extiende al 1500 de nuestra era. Dzibilchatún se extiende a lo largo de 17 km² y consta de 8 mil estructuras.
Además, se encuentra allí un museo de sitio denominado del Mundo Maya.
LA COSTA ESMERALDA.
Solo una media hora en bus toma el viaje para recorrer los 36 km. que separan a Mérida de Progreso. Allí se ha construido un puerto de altura donde arriban cruceros que recorren el Caribe.
El declive de la playa en Progreso es realmente suave, de modo que es posible adentrarse caminando en el mar hasta 30 m.
Unido como el resto del estado a la producción henequera, Progreso era la puerta de salida por la que se embarcaba el oro verde. Hoy, el protagonismo económico se ha desplazado al turismo como escala de los cruceros que anclan allí para que sus pasajeros puedan conocer los varios yacimientos mayas cercanos como Chichén Itzá o Dzibilchaltún.
Sin embargo, sus playas son un complemento ideal para Mérida. Se puede sencillamente ir a pasar el día aprovechando el transporte público, disfrutar la estancia en la playa, tomar sol, nadar y hasta almorzar en alguno de los sencillos bares donde es posible disfrutar de buenos platos basados en frutos del mar.
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