Como si fueran pocos sus atractivos tradicionales y más visitados -Madrid, Barcelona, Galicia, Andalucía, entre otros tantos-, España también brinda la opción de conocer sus magníficas islas. Y, contrariamente a lo que pueda imaginarse, no se trata de destinos exclusivamente de playas, sino que también son lugares de una gran riqueza arquitectónica, histórica y cultural. Por tal razón, no está demás pensar en visitar alguna de ellas durante un viaje a este país; quizás sea la mejor manera de complementar el itinerario por el territorio continental. O, en todo caso, una inesperada opción turística en sí misma.
El archipiélago de las Baleares está situado en el Mediterráneo occidental, entre el sur de la península ibérica y el norte de África. Sus cuatro islas principales son Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera, rodeadas todas por numerosos islotes entre los que se destaca Cabrera, declarado Parque Nacional Marítimo Terrestre. Si bien cada una de las islas tiene sus propios atractivos naturales, en conjunto conforman uno de los polos turísticos más importantes de Europa, ya que a sus maravillosos y variados paisajes se suman sus afamados centros nocturnos.
Mallorca es la más grande, con una superficie de 3.640 m². Más allá de la playa y los hoteles de lujo de la costa, cuenta en su territorio con zonas montañosas, enormes cuevas, lagos subterráneos y pequeños pueblos que se visitan en breves itinerarios.
Belleza capital.
Su capital es Palma, una pintoresca ciudad que desciende escalonadamente desde las montañas hasta el mar y cuya bahía -donde oscilan levemente infinidad de veleros y pequeñas embarcaciones-, adquiere al atardecer el encanto, la paz y el colorido que sólo la combinación entre el sol y el Mediterráneo pueden lograr.
Desde el Paseo Marítimo se pueden apreciar algunos de los tesoros arquitectónicos de la isla como el Castillo de Bellver, único de España con superficie circular; el Palacio de la Almudaina, una de las residencias de la Familia Real Española; y la sobria e imponente catedral de estilo gótico, popularmente conocida como La Seu. Localizada a orillas de la bahía de la ciudad, junto al parque del mar, posee la nave más alta de España y la segunda de Europa, sólo superada por la catedral de Beauvais. Pose uno de los rosetones más grandes del estilo gótico levantino y tiene la particularidad de ser la única catedral del mundo que proyecta su reflejo sobre el agua del mar.
La belleza de estas construcciones se completa con los magníficos edificios del Centro Histórico, entre los que figuran la basílica de San Francisco, la iglesia de Santa Euladia y la bicentenaria pastelería Can Joan de S’Aigo, donde se pueden saborear exquisitos helados y los mejores pasteles de la ciudad. Otros rincones que acentúan el encanto de la zona antigua de Palma son los patios de Ca’n Olesa y Ca’n Vivot -abiertos al público durante casi todo el día- y los alrededores del Ayuntamiento, donde se encuentran la Plaza Mayor y la calle Argentería, en la que abundan los talleres de platería.
Una de las áreas ideales para gozar de la tranquilidad de Palma de Mallorca es que aglutina a numerosos bares situados en las callecitas adyacentes al Paseo de Born. En ellos es posible disfrutar de excelentes tapas en las mesitas colocadas en las veredas y bajo la sombra de los árboles y divertirse escuchando las charlas de los parroquianos locales. Después de esa pausa, lo conveniente es continuar recorriendo la zona e internarse en el barrio Calatrava para conocer sus deslumbrantes pasajes, que de tan angostos parecen pasillos y asombran por la belleza de sus frentes, sus balconcitos y los delicados faroles. De regreso al Born no se puede dejar de entrar a la librería-bar Casal Solleric y conocer su sala de exposiciones. Otras visitas de interés son el Castillo de San Carlos, que alberga el Museo Histórico Militar; los Baños Árabes, uno de los pocos vestigios de la arquitectura musulmana conservados en la isla; la Lonja, una de las obras maestras de la arquitectura gótica de Mallorca; el Palacio March, situado junto a la Catedral y sede de un museo de arte; y el Gran Hotel, construcción modernista del prestigioso arquitecto Lluís Domènech i Montaner terminada en 1903. También es aconsejable relajarse en sus bares y restaurantes, para sí poder continuar el itinerario. En ese sentido, cabe mencionar a medios de transporte especiales como coches tirados por caballos y autobuses panorámicos. Algunos otros puntos que pueden conocerse son el municipio de Calviá, donde funciona un casino; y la villa Sóller, cuyo mayor atractivo es el tranvía que une el centro del pueblo con el puerto del municipio.
Sierras, puertos y naturaleza.
Saliendo de la capital hacia el noroeste, Mallorca cambia drásticamente su fisonomía: empieza la sierra Tramuntana, una región montañosa con hermosos pueblitos que -lejos de las luces de Palma- le brindan al viajero la posibilidad de tomar contacto con la vida campesina de la isla. Algunos de ellos son Valldemossa, Sóller y Deiá; desde sus calles se puede avistar el pico Puig Major, de 1.445 m. Otros montes que merecen mencionarse son el Massanella (1.364 m.), Puig Tomir (1.102 m.), Puig de l'Ofre (1.090 m.), Puig d'es Teix (1.064 m.) y Puig de Galatzó (1.027 m.).
Pasando esta cordillera de más de 100 km. vuelve a aparecer el azul profundo del Mediterráneo, frente al cual se encuentran las playas y balnearios de Cala de Deiá, Port de Sóller, Cala Tuent y Calobra, entre otros. En cuanto al sur, las playas más frecuentadas y bellas son Ses Covetes, Trenc, Mondragó, Cala Figuera y Cala Santuyí.
Otros sitios interesantes para visitar están situados al este: las impresionantes cuevas de Artà -en la localidad de Canyamel-, las de Drac, con su enorme lago subterráneo; y las de Dels Hams, en Portocristo.
En la costa del noroeste sobresale la bahía de Alcúdia y, muy especialmente, la de Pollensa, preferida históricamente por pintores y artistas tanto españoles como extranjeros. El puerto de este municipio es frecuentado por turistas de alto poder adquisitivo y desde hace varios años se ha transformado en uno de los puntos de encuentros sociales más destacados de Mallorca. Su impronta artística ha determinado que a lo largo de todo el año el visitante tenga la oportunidad de apreciar un gran número de exposiciones de pintura y escultura, además de conocer sitios hermosos como el Calvario, el Puente Romano, la Cala de San Vicente -que conserva un conjunto de calas con aguas cristalinas situadas al pie del Cavall Bernat- y las cuevas prehistóricas de l'Alzineret.
Unos kilómetros hacia el norte irrumpen la Cala de San Vicens y la península de Formentor, dos lugares ineludibles para recorrer durante la estadía, al igual que la pequeña elevación montañosa llamada Puig de sa Morisca, en la localidad de Santa Ponça, que posee un parque arqueológico de 35 ha. con restos de navetas y cuevas sepulcrales.
Finalmente, en la región de Alcúdia -que sorprende por sus murallas-, no hay que dejar de recorrer la ciudad romana de Pollentia y conocer las playas Can Picafort y Son Serra de Marina, además de la colonia de Sant Pere.
La tranquilidad es una de las características esenciales de Mallorca, que no casualmente es llamada “la isla de la calma”. Y tal denominación adquiere un significado aún mayor en el Parque Nacional del Archipiélago de Cabrera, ubicado al sur de la isla y al que se puede llegar por mar o por aire. Se trata de una reserva natural desbordante de barreras de corales, praderas, acantilados y más de 450 especies vegetales, que conforma una de las zonas naturales mejor conservadas del Mediterráneo. Sus aguas asombran por su excepcional transparencia y sus cuevas submarinas, en las que aún siguen apareciendo especies no catalogadas, como la de varios crustáceos endémicos. En cuanto a la fauna, abundan aproximadamente 130 especies, razón por la cual ha sido declarada Zona de Especial Protección para las Aves.
Esa vecindad tan cercana entre mar, montaña y ciudad es lo que más atrae de esta seductora isla. En un tiempo mínimo se puede pasar de un paisaje a otro -las distancias no superan los 100 km.- y en cuestión de pocas horas es posible experimentar las más diversas sensaciones.
De esta manera, al retornar a la ciudad capital luego de haber disfrutado del aire puro, los infinitos verdes, los altos picos y la arena y las aguas mediterráneas, sólo basta una buena ducha y una buena copa en los cafés del Paseo Marítimo para reiniciar sin prisa el paseo por las tranquilas y encantadoras callecitas de Palma de Mallorca.
Datos útiles:
Cómo llegar: el Aeropuerto de Palma de Mallorca está situado a 8 km. al este del centro de la ciudad y recibe diariamente numerosos vuelos de las principales ciudades españolas, sobre todo de Madrid y Barcelona. También arriban servicios aéreos desde el Reino Unido y Alemania y, por supuesto, del resto de las islas Baleares. Asimismo, en el Puerto de Palma de Mallorca, el más importante de las Islas Baleares, operan cruceros y barcos de línea regular desde Barcelona, Valencia, Ibiza, Mahón o Denia.
Clima: típicamente mediterráneo, con temperaturas altas en verano (que superan los 30° C) y moderadamente bajas en invierno (casi nunca inferiores a 5° C). Las nevadas son habituales en invierno en las cimas más altas de la Serra de Tramontana, pero muy excepcionales en la llanura y la capital. Al tratarse de una isla, el nivel de humedad es muy alto.
Dónde alojarse: existe un gran abanico de opciones. Para los más jóvenes, si viajan en grupos, o también para familias numerosas, hay a disposición un gran número de chalets, villas y apartamentos, con y sin piscina. También es posible hospedarse en casas rurales. En cuanto a hoteles, los hay de todas las categorías, tanto en la costa como en las ciudades.
Mallorca: el suave encanto del Mediterráneo.
Con su rico patrimonio arquitectónico y sus tranquilos balnearios de ensueño, la isla se presenta también como un inmejorable destino para conocer pequeños pueblos, parques nacionales y zonas de montaña.


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