Además, la iconografía católica se encuentra en todas partes, desde esquinas en las calles y restaurantes, hasta en taxis y hoteles. Este entorno contribuye para que el Distrito Federal sea reconocido en el mundo por su Semana Santa, una de las más coloridas y representativas.
Por ello, con fervor, cada uno de los habitantes, propios y extranjeros, viven el período vacacional más importante del año, donde se resaltan la Pasión de Cristo, el vía crucis, la muerte y la resurrección de Jesús. Los actos se caracterizan por ser preparados durante todo el año y cuentan con ambientaciones y vestuarios sorprendentes. Algunos, incluso, incluyen flagelaciones y crucifixiones reales.
La solemnidad y cuidada escenografía de la Semana Santa en Ciudad de México le dan un aire teatral a las procesiones, en las que todos los actores interpretan con seriedad su papel y cada año le aportan algo nuevo a las actividades, con el fin de otorgarle un toque de originalidad.
Así, los turistas pueden admirar y acercarse a las costumbres que marcan un pasado colonial inigualable. El recorrido por cada una de sus calles hace que el viajero se sienta en una verdadera transformación de lo antiguo a lo moderno, porque en ésta se combina la arquitectura azteca con los grandes y nuevos rascacielos.
Celebración indígena.
Ciudad de México es una de las metrópolis más pobladas del mundo y la que mejor conserva las costumbres indígenas. Así, la población nativa, conformada por más de 700 mil personas en el Distrito Federal, tiene su propia forma de celebrar la Semana Santa, ya que es una combinación de elementos en los que no sólo se recuerda la Pasión de Cristo, sino también la toma político-religiosa del continente americano y la renovación de la tierra.
De esta manera, los turistas se deleitan con una mezcla de culturas que en ninguna otra región se vive con tanto entusiasmo.
De acuerdo a la comunidad, las celebraciones cambian de una a otra en lo que se refiere a representaciones y organización. Sin embargo, también algunas se mantienen año tras año.
Rompiendo con el ceremonial católico, los indígenas han elaborado su propia versión de la muerte de Cristo. En sus festejos, la danza, la música y la teatralización, así como el arte en general, juegan un papel preponderante.
Dentro del gran mosaico de música y bailes que se presenta durante la Semana Santa en los pueblos indígenas de México, se pueden presenciar danzas cosmogónicas del culto solar, como el palo volador, los quetzales o quetzalines, los acatlaxques; danzas dramático-históricas como moros y cristianos, santiagos, cruzados, de la pluma, tocotines, matlachines; personajes como los fariseos, los judíos, los mecos, entre otros, que representan al "indio salvaje" pintándose el cuerpo, ligadas a la evangelización y la purificación; y danzas propiciatorias de cacería como la del venado o el pascola.
Siete días de celebración.
Los mexicanos comienzan la Semana Santa invitando a los turistas a compartir junto a ellos la celebración del Domingo de Ramos, cuando todos los feligreses acuden a la Catedral Metropolitana de Ciudad de México para la bendición del ramo, que es tejido por artesanos de la región.
Las suntuosas procesiones cuentan con grupos de cantores, orquestas y bandas de música. Seguirlas por cada una de sus calles es una forma de conocer las iglesias y capillas, cuyos interiores se engalanan para la ocasión. En estos días, todos los templos tienen sus puertas abiertas al público y vale la pena llegar unas horas antes para presenciar los preparativos de los desfiles, de los que participan todos los mexicanos.
El Jueves y el Viernes Santo, la Catedral Metropolitana es el centro de todas las miradas, ya que guarda una de las imágenes más veneradas por propios y extranjeros: la Virgen de Guadalupe.
Este templo fue fundado en 1667 y conserva un estilo barroco estípite que lo constituye en uno de los monumentos religiosos más llamativos del mundo por simbolizar el centro de la ciudad azteca, concebida como ombligo del orbe prehispánico y el centro del primer anclaje occidental en América.
Al mismo tiempo, mientras el Viernes Santo se hacen representaciones de la pasión de Cristo en diferentes barrios, el Sábado de Gloria se realiza la quema de Judas y mucha gente acostumbra a tirar agua desde los balcones o ventanas.
Finalmente, el Domingo de Resurrección todos van a misa. Este día está prohibido comer y saludar a la gente para demostrar el gran respeto que sienten por Jesucristo, y revivir lo que él le dijo al diablo cuando estaba en el desierto: "Escrito está que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".
La Semana Mayor, como también se la conoce, es el período más significativo del cristianismo, dado que se demuestra la gran fe en Cristo. Además, a través de manifestaciones culturales se destaca la importancia que Él tiene para la humanidad como el único salvador en todo el universo. La mejor expresión para resumirla es el soneto del escritor español, Rafael Montesino: "Existes porque existo y te proclamo".
Por ello, con fervor, cada uno de los habitantes, propios y extranjeros, viven el período vacacional más importante del año, donde se resaltan la Pasión de Cristo, el vía crucis, la muerte y la resurrección de Jesús. Los actos se caracterizan por ser preparados durante todo el año y cuentan con ambientaciones y vestuarios sorprendentes. Algunos, incluso, incluyen flagelaciones y crucifixiones reales.
La solemnidad y cuidada escenografía de la Semana Santa en Ciudad de México le dan un aire teatral a las procesiones, en las que todos los actores interpretan con seriedad su papel y cada año le aportan algo nuevo a las actividades, con el fin de otorgarle un toque de originalidad.
Así, los turistas pueden admirar y acercarse a las costumbres que marcan un pasado colonial inigualable. El recorrido por cada una de sus calles hace que el viajero se sienta en una verdadera transformación de lo antiguo a lo moderno, porque en ésta se combina la arquitectura azteca con los grandes y nuevos rascacielos.
Celebración indígena.
Ciudad de México es una de las metrópolis más pobladas del mundo y la que mejor conserva las costumbres indígenas. Así, la población nativa, conformada por más de 700 mil personas en el Distrito Federal, tiene su propia forma de celebrar la Semana Santa, ya que es una combinación de elementos en los que no sólo se recuerda la Pasión de Cristo, sino también la toma político-religiosa del continente americano y la renovación de la tierra.
De esta manera, los turistas se deleitan con una mezcla de culturas que en ninguna otra región se vive con tanto entusiasmo.
De acuerdo a la comunidad, las celebraciones cambian de una a otra en lo que se refiere a representaciones y organización. Sin embargo, también algunas se mantienen año tras año.
Rompiendo con el ceremonial católico, los indígenas han elaborado su propia versión de la muerte de Cristo. En sus festejos, la danza, la música y la teatralización, así como el arte en general, juegan un papel preponderante.
Dentro del gran mosaico de música y bailes que se presenta durante la Semana Santa en los pueblos indígenas de México, se pueden presenciar danzas cosmogónicas del culto solar, como el palo volador, los quetzales o quetzalines, los acatlaxques; danzas dramático-históricas como moros y cristianos, santiagos, cruzados, de la pluma, tocotines, matlachines; personajes como los fariseos, los judíos, los mecos, entre otros, que representan al "indio salvaje" pintándose el cuerpo, ligadas a la evangelización y la purificación; y danzas propiciatorias de cacería como la del venado o el pascola.
Siete días de celebración.
Los mexicanos comienzan la Semana Santa invitando a los turistas a compartir junto a ellos la celebración del Domingo de Ramos, cuando todos los feligreses acuden a la Catedral Metropolitana de Ciudad de México para la bendición del ramo, que es tejido por artesanos de la región.
Las suntuosas procesiones cuentan con grupos de cantores, orquestas y bandas de música. Seguirlas por cada una de sus calles es una forma de conocer las iglesias y capillas, cuyos interiores se engalanan para la ocasión. En estos días, todos los templos tienen sus puertas abiertas al público y vale la pena llegar unas horas antes para presenciar los preparativos de los desfiles, de los que participan todos los mexicanos.
El Jueves y el Viernes Santo, la Catedral Metropolitana es el centro de todas las miradas, ya que guarda una de las imágenes más veneradas por propios y extranjeros: la Virgen de Guadalupe.
Este templo fue fundado en 1667 y conserva un estilo barroco estípite que lo constituye en uno de los monumentos religiosos más llamativos del mundo por simbolizar el centro de la ciudad azteca, concebida como ombligo del orbe prehispánico y el centro del primer anclaje occidental en América.
Al mismo tiempo, mientras el Viernes Santo se hacen representaciones de la pasión de Cristo en diferentes barrios, el Sábado de Gloria se realiza la quema de Judas y mucha gente acostumbra a tirar agua desde los balcones o ventanas.
Finalmente, el Domingo de Resurrección todos van a misa. Este día está prohibido comer y saludar a la gente para demostrar el gran respeto que sienten por Jesucristo, y revivir lo que él le dijo al diablo cuando estaba en el desierto: "Escrito está que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".
La Semana Mayor, como también se la conoce, es el período más significativo del cristianismo, dado que se demuestra la gran fe en Cristo. Además, a través de manifestaciones culturales se destaca la importancia que Él tiene para la humanidad como el único salvador en todo el universo. La mejor expresión para resumirla es el soneto del escritor español, Rafael Montesino: "Existes porque existo y te proclamo".


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