Se vistió con sus mejores galas y caminó desde su casa hasta la capilla de São Francisco, secundada por la madrina y la hermana, cuyos atuendos reflejaban la informalidad del escenario de una isla que emerge en el sur de Brasil. Allí vivía la novia, en Ilha do Mel, donde tras transitar unos 20 pasos se encontró con su prometido y con el cura de ocasión. El casamiento congregó a amigos y conocidos de la pareja que en total sumaban unas 30 personas, pero a pesar del escaso número de invitados la ceremonia revolucionó al pequeño poblado de Encantadas, uno de los principales de la isla.
Con el 47% de la población total, Encantadas es morada de unas 500 personas; mientras que el resto se distribuye entre Nova Brasilia y Fortaleza, siendo el 95% de la isla estación ecológica y parque estatal. Por lo tanto, este lugar se encuentra en las antípodas de lo que es una ciudad: no existen aglomeraciones, tránsito vehicular, calles, edificios, contaminación sonora o ambiental. En Ilha do Mel la naturaleza es la soberana y el ser humano un invitado a sus tierras.
Sinfonía de mar.
Amanece en Ilha do Mel. La sinfonía del mar es el único despertador para el turista que duerme apacible en una posada a pocos metros de la playa Encantadas de Dentro. El poblado se despierta con la sirena de los coloridos barcos de madera que cada media hora parten hacia Pontal do Sul. Los lugareños se preparan para el inicio del día, descargan la mercadería de los navíos y la transportan en carros hasta los restaurantes, organizan las excursiones del día y acomodan sus negocios.
En la posada Caraguatá, la mesa está servida: el pan casero y humeante, las mermeladas recién elaboradas, la deliciosa torta de chocolate, el ananá bien dulce y el jugo "abacakiwi", una auténtica creación de Víctor Hugo, dueño del establecimiento, quien unió el ananá con el kiwi en un trago bien refrescante. De raíces argentinas, pero brasileño por adopción, Víctor Hugo recomienda calzarse las "havaianas" y salir a explorar la isla. La meta es desestresarse.
Los viajeros atraviesan el poblado de Encantadas por senderos estrechos que los conducen hasta Encantadas de Fora, una extensa franja de playa bañada por aguas bravías. Como es uno de los destinos predilectos, la playa tiene su propio patio de comidas, un salón con unas cinco alternativas de comidas que balconea sobre la arena. Los mariscos, el pescado, la feijoada y los sándwiches son los platos más solicitados, todos acompañados por jugos exprimidos o cerveza.
Antes de desembarcar en ese balneario, los turistas encuentran un tesoro anunciado a viva voz: la gruta das Encantadas, una cavidad natural abierta en las rocas, horadada por el mar y envuelta en leyendas. Cuentan los lugareños que en noche de luna llena irrumpían bellas mujeres que con sus dotes atraían a los curiosos paseantes que al contemplarlas desaparecían para siempre.
Para el lado del muelle de Encantadas -en donde no está permitido bañarse debido al intenso movimiento de embarque y desembarque-, bordeando la playa hasta una curva, despunta una pequeña pero bella playa denominada Pontinha. Cajoneada entre las rocas y un morro sembrado por intensa vegetación, la menuda lengua de arena es invadida por un mar sereno y cálido. El agua es tan tranquila que sirve de hogar a la gran familia de peces de todos los colores y formas: rayados negros y amarillos que nadan tranquilos entre las rocas, al igual que los de azul intenso, mientras que el cardumen de pequeños ejemplares transparentes intenta atrapar los pedazos de pan que les convidan los lugareños. Entre las algas avanza solapadamente un cangrejo con sus enormes pinzas amenazantes que logra asustar a los turistas. Es que el visitante está acostumbrado a ver otra especie que habita en la arena y que huye despavorido ante cualquier presencia desconocida.
Entre la selva y la playa.
El cielo oculto tras las nubes no se dejó ver hasta bien entrada la noche, mientras que el sol se ausentó hasta el otro día. Con una brisa marina permanente y una temperatura más que agradable, los turistas salieron a explorar la isla. Desde Encantadas de Fora, la caminata continuó por Praia da Bica hasta el morro do Miguel, una elevación pedregosa en cuya cima se aprecian en perspectiva las playas de la zona. Si el turista tiene espíritu de alpinista, entonces podrá continuar subiendo por el morro do Sabão. De lo contrario, emprenderá el descenso por una bajada abrupta hasta Praia do Miguel, en donde no existen edificaciones que tapen su horizonte.
La travesía se complica al atravesar las rocas que invaden la playa. La gente no se vence ante esos obstáculos naturales que imponen respeto, pero avisa cuál es el camino menos intrincado. A los saltos, haciendo equilibrio en pasadizos estrechos, desafiando la altura, introduciéndose en pequeños recovecos, al fin se arriba hasta Praia Grande.
La selva parece vedada a la presencia humana; de hecho sólo existe un sendero estrecho junto al cual se abre un manglar, abundante vegetación y un mundo desconocido. Una iguana que se encontraba muy cerca de un camping huyó rápidamente ante la visita de extraños. El bosque envuelve con su follaje el paisaje y no permite ver lo que ocurre más allá. Pero con una observación circunspecta, los viajeros descubren una serpiente que se mimetiza en el verde, deslizándose entre los arbustos.
Praia do Belo surge entre la espesura natural como un pequeño oasis que revela sus encantos al que lo visita. La estrecha franja de arena se abre a un mar apacible que destila abundante vida bajo sus aguas: caracoles estampados en las rocas y cientos de mejillones que cubren las piedras. El siguiente destino a pocos pasos de allí es Brasilia, el istmo que de un lado rompe el mar con furia y del otro acaricia la costa con suma suavidad. Al regreso, los turistas descubrieron en las piscinas naturales -en la solitaria Ponta da Nhá Pinha- como convivían las estrellas de mar con los erizos.
Claro de luna.
Suena "no woman no cry" en la sosegada voz de Bob Marley. El bar está a pleno como el resto de los restaurantes que se abren sobre la peatonal, es decir sobre la playa de Encantadas, paseo obligado todas las noches. La luna en cuarto menguante ilumina el mar y sirve de núcleo a miles de luces que iluminan un cielo límpido.
Cada restaurante murmulla su propio cántico: hay bossanova, jazz, forró y rock local. Algunas parejas bailan sobre la arena encandilados por la luna. Una de ellas elige este escenario para sellar su amor: él le murmura algo en el oído a su prometida, ella le responde y se intercambian anillos de coco. Otro casamiento, esta vez de turistas, que tuvo como testigo único a la bella Ilha do Mel.
ILHA DO MEL
Cómo llegar: desde Curitiba salen micros hasta Pontal do Sul, cuyo trayecto demora 2 horas y media, o un tren hasta Paranagua, muy recomendable para quien gusta de los buenos paisajes. Desde Pontal salen barcos cada media hora y tardan otra media hora hasta llegar a la isla, mientras que desde Paranaguá hay menos frecuencias -dependiendo del momento de la temporada- y el viaje dura una hora y media. Las lanchas llegan a Encantadas y Brasilia.
Alojamiento: la oferta incluye posadas y campings, la mayoría ubicados en Encantadas, Brasilia, Praia do Farol y Fortaleza.
Nota: llevar buen calzado para caminatas, linterna y sombrero para el sol.
Visitas: otras playas como Praia do Farol, junto a Brasilia; y Fortaleza, donde se encuentra la construcción más antigua de la isla. También es imperdible la excursión para ver a los delfines; ascender a la Ponta do Caraguatá en medio de un entorno selvático o al Farol das Conchas. Para llegar de un lugar a otro es posible tomar lanchas taxis.
Informes: www.ilhadomel.com/www.ilhadomel.net.
Con el 47% de la población total, Encantadas es morada de unas 500 personas; mientras que el resto se distribuye entre Nova Brasilia y Fortaleza, siendo el 95% de la isla estación ecológica y parque estatal. Por lo tanto, este lugar se encuentra en las antípodas de lo que es una ciudad: no existen aglomeraciones, tránsito vehicular, calles, edificios, contaminación sonora o ambiental. En Ilha do Mel la naturaleza es la soberana y el ser humano un invitado a sus tierras.
Sinfonía de mar.
Amanece en Ilha do Mel. La sinfonía del mar es el único despertador para el turista que duerme apacible en una posada a pocos metros de la playa Encantadas de Dentro. El poblado se despierta con la sirena de los coloridos barcos de madera que cada media hora parten hacia Pontal do Sul. Los lugareños se preparan para el inicio del día, descargan la mercadería de los navíos y la transportan en carros hasta los restaurantes, organizan las excursiones del día y acomodan sus negocios.
En la posada Caraguatá, la mesa está servida: el pan casero y humeante, las mermeladas recién elaboradas, la deliciosa torta de chocolate, el ananá bien dulce y el jugo "abacakiwi", una auténtica creación de Víctor Hugo, dueño del establecimiento, quien unió el ananá con el kiwi en un trago bien refrescante. De raíces argentinas, pero brasileño por adopción, Víctor Hugo recomienda calzarse las "havaianas" y salir a explorar la isla. La meta es desestresarse.
Los viajeros atraviesan el poblado de Encantadas por senderos estrechos que los conducen hasta Encantadas de Fora, una extensa franja de playa bañada por aguas bravías. Como es uno de los destinos predilectos, la playa tiene su propio patio de comidas, un salón con unas cinco alternativas de comidas que balconea sobre la arena. Los mariscos, el pescado, la feijoada y los sándwiches son los platos más solicitados, todos acompañados por jugos exprimidos o cerveza.
Antes de desembarcar en ese balneario, los turistas encuentran un tesoro anunciado a viva voz: la gruta das Encantadas, una cavidad natural abierta en las rocas, horadada por el mar y envuelta en leyendas. Cuentan los lugareños que en noche de luna llena irrumpían bellas mujeres que con sus dotes atraían a los curiosos paseantes que al contemplarlas desaparecían para siempre.
Para el lado del muelle de Encantadas -en donde no está permitido bañarse debido al intenso movimiento de embarque y desembarque-, bordeando la playa hasta una curva, despunta una pequeña pero bella playa denominada Pontinha. Cajoneada entre las rocas y un morro sembrado por intensa vegetación, la menuda lengua de arena es invadida por un mar sereno y cálido. El agua es tan tranquila que sirve de hogar a la gran familia de peces de todos los colores y formas: rayados negros y amarillos que nadan tranquilos entre las rocas, al igual que los de azul intenso, mientras que el cardumen de pequeños ejemplares transparentes intenta atrapar los pedazos de pan que les convidan los lugareños. Entre las algas avanza solapadamente un cangrejo con sus enormes pinzas amenazantes que logra asustar a los turistas. Es que el visitante está acostumbrado a ver otra especie que habita en la arena y que huye despavorido ante cualquier presencia desconocida.
Entre la selva y la playa.
El cielo oculto tras las nubes no se dejó ver hasta bien entrada la noche, mientras que el sol se ausentó hasta el otro día. Con una brisa marina permanente y una temperatura más que agradable, los turistas salieron a explorar la isla. Desde Encantadas de Fora, la caminata continuó por Praia da Bica hasta el morro do Miguel, una elevación pedregosa en cuya cima se aprecian en perspectiva las playas de la zona. Si el turista tiene espíritu de alpinista, entonces podrá continuar subiendo por el morro do Sabão. De lo contrario, emprenderá el descenso por una bajada abrupta hasta Praia do Miguel, en donde no existen edificaciones que tapen su horizonte.
La travesía se complica al atravesar las rocas que invaden la playa. La gente no se vence ante esos obstáculos naturales que imponen respeto, pero avisa cuál es el camino menos intrincado. A los saltos, haciendo equilibrio en pasadizos estrechos, desafiando la altura, introduciéndose en pequeños recovecos, al fin se arriba hasta Praia Grande.
La selva parece vedada a la presencia humana; de hecho sólo existe un sendero estrecho junto al cual se abre un manglar, abundante vegetación y un mundo desconocido. Una iguana que se encontraba muy cerca de un camping huyó rápidamente ante la visita de extraños. El bosque envuelve con su follaje el paisaje y no permite ver lo que ocurre más allá. Pero con una observación circunspecta, los viajeros descubren una serpiente que se mimetiza en el verde, deslizándose entre los arbustos.
Praia do Belo surge entre la espesura natural como un pequeño oasis que revela sus encantos al que lo visita. La estrecha franja de arena se abre a un mar apacible que destila abundante vida bajo sus aguas: caracoles estampados en las rocas y cientos de mejillones que cubren las piedras. El siguiente destino a pocos pasos de allí es Brasilia, el istmo que de un lado rompe el mar con furia y del otro acaricia la costa con suma suavidad. Al regreso, los turistas descubrieron en las piscinas naturales -en la solitaria Ponta da Nhá Pinha- como convivían las estrellas de mar con los erizos.
Claro de luna.
Suena "no woman no cry" en la sosegada voz de Bob Marley. El bar está a pleno como el resto de los restaurantes que se abren sobre la peatonal, es decir sobre la playa de Encantadas, paseo obligado todas las noches. La luna en cuarto menguante ilumina el mar y sirve de núcleo a miles de luces que iluminan un cielo límpido.
Cada restaurante murmulla su propio cántico: hay bossanova, jazz, forró y rock local. Algunas parejas bailan sobre la arena encandilados por la luna. Una de ellas elige este escenario para sellar su amor: él le murmura algo en el oído a su prometida, ella le responde y se intercambian anillos de coco. Otro casamiento, esta vez de turistas, que tuvo como testigo único a la bella Ilha do Mel.
ILHA DO MEL
Cómo llegar: desde Curitiba salen micros hasta Pontal do Sul, cuyo trayecto demora 2 horas y media, o un tren hasta Paranagua, muy recomendable para quien gusta de los buenos paisajes. Desde Pontal salen barcos cada media hora y tardan otra media hora hasta llegar a la isla, mientras que desde Paranaguá hay menos frecuencias -dependiendo del momento de la temporada- y el viaje dura una hora y media. Las lanchas llegan a Encantadas y Brasilia.
Alojamiento: la oferta incluye posadas y campings, la mayoría ubicados en Encantadas, Brasilia, Praia do Farol y Fortaleza.
Nota: llevar buen calzado para caminatas, linterna y sombrero para el sol.
Visitas: otras playas como Praia do Farol, junto a Brasilia; y Fortaleza, donde se encuentra la construcción más antigua de la isla. También es imperdible la excursión para ver a los delfines; ascender a la Ponta do Caraguatá en medio de un entorno selvático o al Farol das Conchas. Para llegar de un lugar a otro es posible tomar lanchas taxis.
Informes: www.ilhadomel.com/www.ilhadomel.net.


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