Basta con salir de casa para percibirlo. El camino es, en líneas generales, el mismo: abandonar el hogar para dirigirse al lugar de trabajo. En el medio, una sucesión de hechos, aromas y sonidos nos ponen en situación: vivimos en una ciudad de 16 millones de habitantes, un intrincado laberinto del que resulta muy difícil salir. Una maraña de bocinazos, palabrotas lanzadas vaya a saber uno a quién, alcantarillas, baldosas flojas con agua debajo -que generalmente mancha la ropa-, y mucho, mucho ruido. Escurrirse de semejante monstruo resulta difícil, pero no imposible. Salir al río, a un lago o al campo constituyen tres opciones ideales para los porteños en busca de aire puro y mucha relajación.
UN CUMULO DE NATURALEZA EN EL DELTA
A 30 minutos de la Capital Federal comienza toda una red de canales, arroyos, ríos, riachos e islas del gran delta que, con una superficie de 20.000 km2, forman los cuatro brazos en que se abre el río Paraná (Miní, Bravo, Guazú y de Las Palmas). Un racimo de verdes ubicado entre Puerto Ibicuy, en Entre Ríos, y San Isidro, en Buenos Aires, las costas del Río de la Plata hacia el norte y la ribera del río Uruguay, hasta el arroyo Ñancay, concentran la mayor parte de la infraestructura turística de la región. Esto es válido principalmente para la primera sección del delta bonaerense, incluida en el partido de Tigre, y delimitada por el río Luján, el canal Arias, el Paraná de las Palmas y el Río de la Plata.
De una naturaleza que impacta, estos escenarios disponen de buena accesibilidad, lo que los ha convertido en uno de los sitios más populares para la práctica de todo tipo de deportes náuticos.
Es recomendable acercarse al estilo de vida de los lugareños, comprobar cómo toda esa gente vive en una comunión perfecta con la naturaleza, y sin crearse mayores necesidades que las básicas para perseguir la felicidad. Una larga hilera de viviendas a la vera del río, construidas sobre pilotes, asoman por entre la profusa vegetación. Sucede que desde fines del siglo XIX, una fuerte inmigración de europeos (en su mayoría piamonteses y genoveses), propició un estilo de vida muy peculiar. Los isleños, dedicados a las actividades frutihortícola y maderera, además del cultivo de mimbre y formio, se unieron con las clases ricas e intelectuales que también erigieron sus casa-quintas de fin de semana. Un dato para tener en cuenta: de las 5.000 viviendas de esta zona, un 10% está habitada por isleños en forma permanente, mientras que el resto son residencias de fin de semana.
Es común observar lanchones repletos de mercancías recorriendo los ríos y riachos de la región. Es que aún hoy los comerciantes recorren los surcos de agua en lanchones para ofrecer sus mercaderías puerta a puerta. A veces, este tipo de embarcaciones debe esquivar otras: se trata de las lanchas colectivas, el transporte público por definición de la zona, que periódicamente parten de la Estación Fluvial de Tigre y transportan a los lugareños a sus hogares.
SAN ANTONIO DE ARECO: EL PASADO QUE VUELVE
La llanura pampeana esconde en toda su inmensidad a algunas localidades que concitan la atención no sólo por su magia, sino también por su rica tradición e historia. Una de esas ciudades es San Antonio de Areco: situada a 113 km. de Buenos Aires, a orillas del río Areco, ésta es conocida como "la capital de la cultura y la tradición gauchescas".
Calles adoquinadas, veredas estrechas, arcaicos caserones y esquinas en ochava: todo se conjuga para albergar los secretos de la historia, en medio de un pueblo que supo mantener sus costumbres a pesar del transcurrir del tiempo.
Con edificaciones que mantienen las singulares líneas arquitectónicas de la época colonial y de principios del siglo XIX, Areco aún conserva vivos sus orígenes, por lo que se transformó en una de las poblaciones más representativas de la vida rural argentina.
A la postal de los paisanos de a caballo y en bombachas que nos brinda San Antonio de Areco, debe agregarse el hecho de que los visitantes tienen la posibilidad de acercarse a las tareas rurales que se realizaban en otros tiempos: para ello deberá recorrer el Parque Criollo, con su histórica pulpería ubicada en la entrada, "La Blanqueada"; y visitar el Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes, que posee una colección de objetos de la época vinculados a la obra del autor de "Don Segundo Sombra".
También merece una visita la plaza Arellano, punto de partida de cualquier paseo, ya que es sede de la Casa de la Municipalidad -declarada Monumento Nacional- y la iglesia de San Antonio de Padua.
Otro sitio para no perderse es el Puente Viejo, construido en 1857, y la Estación del Ferrocarril, que en la actualidad alberga a una escuela de enseñanza media conocida como "La Escuela de la Estación".
POSTALES IMPENSADAS EN SAN PEDRO
Situada a orillas del río Paraná, a 160 km. al noroeste de la ciudad de Buenos Aires, la localidad de San Pedro esconde postales de singular belleza. Playas de suaves pendientes anteceden al espectacular río, en el que es posible tomar un refrescante baño. Además, San Pedro ofrece la posibilidad de practicar actividades como el windsurf, kayak, esquí acuático, yachting, pesca y natación.
UN CUMULO DE NATURALEZA EN EL DELTA
A 30 minutos de la Capital Federal comienza toda una red de canales, arroyos, ríos, riachos e islas del gran delta que, con una superficie de 20.000 km2, forman los cuatro brazos en que se abre el río Paraná (Miní, Bravo, Guazú y de Las Palmas). Un racimo de verdes ubicado entre Puerto Ibicuy, en Entre Ríos, y San Isidro, en Buenos Aires, las costas del Río de la Plata hacia el norte y la ribera del río Uruguay, hasta el arroyo Ñancay, concentran la mayor parte de la infraestructura turística de la región. Esto es válido principalmente para la primera sección del delta bonaerense, incluida en el partido de Tigre, y delimitada por el río Luján, el canal Arias, el Paraná de las Palmas y el Río de la Plata.
De una naturaleza que impacta, estos escenarios disponen de buena accesibilidad, lo que los ha convertido en uno de los sitios más populares para la práctica de todo tipo de deportes náuticos.
Es recomendable acercarse al estilo de vida de los lugareños, comprobar cómo toda esa gente vive en una comunión perfecta con la naturaleza, y sin crearse mayores necesidades que las básicas para perseguir la felicidad. Una larga hilera de viviendas a la vera del río, construidas sobre pilotes, asoman por entre la profusa vegetación. Sucede que desde fines del siglo XIX, una fuerte inmigración de europeos (en su mayoría piamonteses y genoveses), propició un estilo de vida muy peculiar. Los isleños, dedicados a las actividades frutihortícola y maderera, además del cultivo de mimbre y formio, se unieron con las clases ricas e intelectuales que también erigieron sus casa-quintas de fin de semana. Un dato para tener en cuenta: de las 5.000 viviendas de esta zona, un 10% está habitada por isleños en forma permanente, mientras que el resto son residencias de fin de semana.
Es común observar lanchones repletos de mercancías recorriendo los ríos y riachos de la región. Es que aún hoy los comerciantes recorren los surcos de agua en lanchones para ofrecer sus mercaderías puerta a puerta. A veces, este tipo de embarcaciones debe esquivar otras: se trata de las lanchas colectivas, el transporte público por definición de la zona, que periódicamente parten de la Estación Fluvial de Tigre y transportan a los lugareños a sus hogares.
SAN ANTONIO DE ARECO: EL PASADO QUE VUELVE
La llanura pampeana esconde en toda su inmensidad a algunas localidades que concitan la atención no sólo por su magia, sino también por su rica tradición e historia. Una de esas ciudades es San Antonio de Areco: situada a 113 km. de Buenos Aires, a orillas del río Areco, ésta es conocida como "la capital de la cultura y la tradición gauchescas".
Calles adoquinadas, veredas estrechas, arcaicos caserones y esquinas en ochava: todo se conjuga para albergar los secretos de la historia, en medio de un pueblo que supo mantener sus costumbres a pesar del transcurrir del tiempo.
Con edificaciones que mantienen las singulares líneas arquitectónicas de la época colonial y de principios del siglo XIX, Areco aún conserva vivos sus orígenes, por lo que se transformó en una de las poblaciones más representativas de la vida rural argentina.
A la postal de los paisanos de a caballo y en bombachas que nos brinda San Antonio de Areco, debe agregarse el hecho de que los visitantes tienen la posibilidad de acercarse a las tareas rurales que se realizaban en otros tiempos: para ello deberá recorrer el Parque Criollo, con su histórica pulpería ubicada en la entrada, "La Blanqueada"; y visitar el Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes, que posee una colección de objetos de la época vinculados a la obra del autor de "Don Segundo Sombra".
También merece una visita la plaza Arellano, punto de partida de cualquier paseo, ya que es sede de la Casa de la Municipalidad -declarada Monumento Nacional- y la iglesia de San Antonio de Padua.
Otro sitio para no perderse es el Puente Viejo, construido en 1857, y la Estación del Ferrocarril, que en la actualidad alberga a una escuela de enseñanza media conocida como "La Escuela de la Estación".
POSTALES IMPENSADAS EN SAN PEDRO
Situada a orillas del río Paraná, a 160 km. al noroeste de la ciudad de Buenos Aires, la localidad de San Pedro esconde postales de singular belleza. Playas de suaves pendientes anteceden al espectacular río, en el que es posible tomar un refrescante baño. Además, San Pedro ofrece la posibilidad de practicar actividades como el windsurf, kayak, esquí acuático, yachting, pesca y natación.


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