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Tenerife: un aislamiento natural y encantador

En el archipiélago de las Canarias existe una isla que deslumbra por sus encantos combinados, entre naturaleza en estado puro, coloridos pueblos que invitan a compartir fiestas y costumbres, y amplias costas de arena volcánica.
Parajes de ensueño dominados por playas de arenas, pintorescas ciudades de rico valor arquitectónico, y la naturaleza del Parque Nacional del Teide -coronado por su volcán homónimo- conforman el mapa de una isla ideal para el relax: Tenerife.

Los Realejos.
Los Realejos destaca por el valor y riqueza de un entorno natural que agrupa seis espacios protegidos a lo largo de su territorio. Este municipio, de indudable tradición agrícola, reúne a un pueblo amante de las tradiciones y de una hospitalidad ejemplar, que celebra una gran cantidad de fiestas anualmente, algo más de 70, siendo posiblemente el municipio más festivo de España.
La histórica villa conserva muchos rasgos de un pasado esplendoroso y exhibe obras de gran interés monumental, arquitectónico y artístico de los siglos XV y XVI, como la iglesia de Santiago Apóstol, primer templo cristiano de Tenerife.
Los Realejos invita al visitante a bañarse en lugares privilegiados por su belleza paisajística, calas y playas de arena volcánica como Los Roques, La Fajana, Castro, el Guindaste y La Grimona. En algunas playas, como la de El Socorro, la práctica del surf encuentra un escenario marino donde las condiciones suelen ser inmejorables para desarrollar esta actividad.
El municipio completa su oferta de ocio en contacto con la naturaleza con numerosos y variados senderos que lo han convertido en un punto esencial de aquellos que deciden optar por unas vacaciones sanas y activas. Resulta frecuente ver a aficionados al parapente sobrevolar Los Realejos, territorio de gran valor protegido en el 50% de su superficie por la Ley de Espacios Naturales de Canarias. Lugares sorprendentes para explorar: el Parque Natural de la Corona Forestal, los paisajes protegidos de los Campeches, Tigaiga y Ruíz y de la Rambla de Castro, el Monumento Natural de la Montaña de los Frailes y el Sitio de Interés Científico de Barranco de Ruíz.

Puerto de la Cruz.
Situado en la costa norte de la isla, al pie del Teide, Puerto de la Cruz ofrece un entorno cosmopolita que, tras muchos años de actividad turística, mantiene hoy todo el sabor de una villa abierta al mar y a toda suerte de culturas. Declarada de Interés Turístico en 1955, en Puerto de la Cruz conviven en atractiva armonía la arquitectura tradicional isleña, la modernidad de una planta hotelera de primer orden, la amplitud y el exquisito diseño de sus parques, y el entrañable color de los rincones más típicos y pintorescos del pequeño pueblo marinero que fuera en sus comienzos.
Sus calles mantienen todo el año una animada actividad, un ambiente distendido que invita al descanso, al paseo y a la contemplación de sus edificios más tradicionales, así como a la participación en sus fiestas populares.
Para gozar del mar, este municipio norteño tiene mucho que ofrecer: sugerentes calas de arena volcánica, el complejo de piscinas marinas de Lago Martiánez, Playa Jardín y Punta Brava. Costa Martiánez constituye un lugar donde diseño y naturaleza se funden para crear un entorno de peculiar belleza. También el Jardín Botánico, con especies vegetales procedentes de los cinco continentes, y el Loro Parque merecerán los elogios del visitante.

La Orotava.
La villa de La Orotava se extiende sobre el inmenso valle de plataneras que lleva su nombre. Cuajada de edificios históricos y construcciones de rancio abolengo, constituye, sin duda, un lugar ideal para entrar en contacto con la cultura y las tradiciones isleñas, su historia y su brillante pasado. El casco antiguo de la villa, declarado en su totalidad Monumento de Interés Histórico Artístico Nacional, encierra joyas arquitectónicas de marcado carácter.
La Orotava ha sabido guardar sus tradiciones y renueva, año tras año, celebraciones de gran interés y atractivo cultural, como las que tienen lugar con motivo del Corpus Christi, cuando los propios vecinos llenan de arte las calles cubriéndolas de espectaculares alfombras de gran colorido, elaboradas con flores y arena volcánica.
La villa está rodeada de verdes, de cara al volcán desde su falda; no en vano sobre su suelo se asienta una importante extensión del Parque Nacional del Teide, hasta donde llegan numerosos senderos que invitan a placenteras jornadas de paseo inmerso en la naturaleza.
Frente a las aguas del océano, sus costas ofrecen al visitante pequeñas playas, tranquilas y solitarias, sorprendentes por su peculiar arena volcánica. El Bollullo, Los Patos y Ancón son tres calas ideales para olvidarse del resto del mundo.

El Teide.
Tanto desde la zona sur como desde el norte de la isla, son muchas las excursiones que tienen como destino el Parque Nacional del Teide, el más visitado de España. Desde el norte se asciende a través del valle de la Orotava. Desde la zona sur, la excursión discurre por la carretera de Chío, entre los volcanes de Chinyero y Pico Viejo.
En el Parque Nacional del Teide hay muchos lugares de interés, con paisajes de insólita belleza, y hasta es posible ascender muy cerca de la cima más alta de España (3.718 m.) gracias a un teleférico. Almorzar en algún restaurante del parque o disfrutar un sencillo picnic son dos opciones igualmente apetecibles para completar la jornada antes del viaje de regreso.
Geomorfológicamente, la estructura de la caldera y el estratovolcán Teide-Pico Viejo constituyen monumentos geológicos de los más espectaculares del mundo; además, la gran variedad de conos y domos volcánicos, coladas de lava, pitones y cuevas forman un extraordinario conjunto de colores y formas, acrecentando el interés científico y paisajístico de esta área.
En cuanto a su gran riqueza biológica, destaca su singular flora con un alto porcentaje de endemismos y su fauna invertebrada con numerosas especies autóctonas.
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