"No me importa tanto a donde voy sino cómo viajo", suele comentar Leandro Pérez Galindo, ejecutivo de una multinacional de seguros con sede en Lima. Razones no le faltan: su trabajo lo obliga a realizar varios vuelos largos al mes por Latinoamérica y por razones de agenda necesita arribar lo más descansado posible.
Volando en Economy, pero con estilo
Al igual que en muchas empresas de cierta envergadura, cuando se trata de vuelos de más de cuatro horas, a Leandro le corresponde viajar en Business Class. El problema se le presenta en los trayectos más cortos, cuando tiene que ir en "la parte de atrás". Además, no tiene prioridad para embarcar o desembarcar, tampoco tiene un check-in preferente y el catering que recibe es de pésima calidad (cuando lo hay). Una pesadilla para todo viajero frecuente.
Según una reciente encuesta del portal TripAdvisor, en el primer lugar de reclamos de los pasajeros figura el ítem "asientos incómodos-poco espacio para las piernas".
Un estudio publicado en Estados Unidos afirma que a los asientos de Economy les faltan unos 12,5 cm de ancho. Además, hace ya varios años disminuyó en unos 5 cm el pitch promedio (82,5 a 77,5 cm) así como el ángulo de reclinación (2,5 cm).
Gracias a estos desajustes, la medicina encontró un nuevo mal: el síndrome de clase turista, o dicho en términos científicos, la trombosis venosa profunda. Una afección que se produce al coagularse la sangre dentro de la vena, y se facilita al tener las rodillas flexionadas y las piernas inmóviles durante un largo rato. Los trastornos pueden aparecer durante el vuelo, a la llegada o incluso días después.
Lo cierto es que la brecha cada vez más grande en comodidad y calidad de servicio está llevando a muchas compañías aéreas a implementar una clase intermedia entre Business y Economy. En algunos carriers son los mismos asientos pero con más separación entre filas y mayor reclinación, donde se sirve el mismo catering (Delta, United, KLM). En otros casos se trata de cabinas diferenciadas, con asientos más anchos, reclinables y con mejores comidas (Air France, British, Qantas).
Los beneficios de estas Economy Premium (o como por cuestiones de marketing quieran llamarse) incluyen check-in y embarque prioritario, y en algunos casos entrega más rápida del equipaje despachado.
En el caso de Delta, por ejemplo, los miembros Diamond y Platinum Medallion de su programa de viajeros frecuentes pueden acceder sin cargo a alguno de estos asientos cuando adquieren un boleto en las clases tarifarias más altas de Economy. Los socios Gold y Silver tienen descuentos y a veces gratuidad según el vuelo y la anticipación solicitada. El valor promedio para un vuelo de larga distancia es de US$ 90 por tramo. Nada descabellado para quien quiera llegar más descansado a destino.
De la misma manera que la Business Class llegó para quedarse 20 años atrás, hoy es el momento de la Economy Premium, un novedoso negocio para las aerolíneas y una solución para el viajero con ciertas exigencias.
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