En un principio se la conoció como Villa Bella. En 1940 un decreto le cambió el nombre por el de Formosa. Cuatro años más tarde pasó a llamarse Ilhabela. La belleza siempre formó parte de su nombre y de sus paisajes.
Playas exuberantes, montañas que alcanzan los 1.300 m. sobre el nivel del mar cubiertas de una selva espesa, más de 250 cascadas de aguas cristalinas, ríos que serpentean hacia el litoral, islas y naufragios que pueblan la zona de leyendas de todo tipo, son algunos de los tesoros de uno de los destinos más interesantes del litoral de San Pablo. Basta con subirse a la balsa que en pocos minutos llega desde el continente hasta las costas de la Ilhabela para comenzar a disfrutar con todos los sentidos de una isla donde siempre es verano.
LA AVENTURA.
Ilhabela tiene más que lindas playas. El 83% de los 346 km2 de la isla están protegidos por un parque estadual que preserva su naturaleza única. Una buena manera de conocer de cerca lo mejor de la isla es aventurarse por entre su vegetación en vehículos 4x4. Las lluvias y el alto nivel de humedad de la floresta tropical brasileña hacen que los caminos de tierra roja sean ideales para la aventura.
Uno de los más interesantes es la Estrada de Castelhanos. Entre lianas, flores, ramas y pequeñas cascadas, la ruta recorre 22 km. que, con algunos sobresaltos y mucha diversión, llevan a una altura de 800 m. sobre el nivel del mar. La recompensa final es la maravillosa Bahía de Castelhanos, con un par de barcitos que invitan a regalarse una caipirinha y una porción de camarones antes del primer chapuzón.
Los que disfruten del contacto más cercano con la naturaleza, desde Castelhanos pdrán llegar a pie a otras playas, más pequeñas y solitarias.
El trekking es también una muy buena manera de conocer playas y cascadas explorando todas las bellezas de la Mata Atlántica, el ecosistema originario de esa zona del litoral, hoy conservado sólo en algunas áreas.
Varios de los caminos que recorren el territorio de Ilhabela pueden hacerse sin ninguna preparación especial, en tanto otros exigen algún entrenamiento físico, pero todos son una excelente oportunidad para capturar con la cámara fotográfica algunas de las aves y de las flores que adornan el paisaje.
Cada día, después de gozar de su naturaleza, los viajeros pueden también detenerse en otros placeres: en el centro de la Villa, a 6 km. de la balsa, hay edificios históricos, tiendas refinadas y restaurantes con una gastronomía deliciosa.
SECRETOS DEL MAR.
Buscada por turistas brasileños y extranjeros por sus más de 30 playas, Ilhabela tiene bahías amplias, otras escondidas y sembradas de palmeras, algunas con la mejor infraestructura y otras totalmente vírgenes a las que sólo se puede llegar a través de senderos en medio de la vegetación.
En dirección al sur las más buscadas son Feiticeira, Praia Grande y Praia do Curral. Hacia el norte están, entre otras, Perequê, Saco da Capela, Pinto y Armação, con bares y buena infraestructura. Los que prefieran playas solitarias pueden elegir Poço, Fome y Eustáquio, donde se puede llegar sólo en barco o a pie.
Los pintorescos barcos de paseo que rodean la isla son la alternativa perfecta para disfrutar de una plácida travesía con una vista privilegiada de Ilhabela desde el mar. Jabaquara, la última playa hacia el norte a la que se puede llegar en auto, es un destino perfecto para descubrir de esta manera.
Para los amantes del buceo el mar de Ilhabela tiene un encanto especial: es el mayor cementerio de barcos de la costa brasileña, con 21 naufragios. En el fondo del mar sus restos se convierten en verdaderas cuevas submarinas por donde pasean tortugas marinas, pulpos y peces de colores.
Los que prefieren bucear en las leyendas que rodean a esos barcos hundidos, cuentan historias como la del famoso Príncipe de Asturias que, en 1916 se fue a pique a 100 m. de la costa cobrándose la vida de más de 1.000 personas, o tantas otras aventuras de piratas que, desde el siglo XVI, eligieron las ensenadas de la isla para esconder sus tesoros.
Ilhabela, la isla de los tesoros
Playas de aguas verdes y calmas, cascadas que brotan entre la vegetación tropical, y las mejores opciones de restaurantes y salidas nocturnas, hacen de la isla el lugar ideal para unas vacaciones perfectas.
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