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Las riquezas de la enorme sabana brasileña

Declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco, el Parque Nacional Chapada dos Veadeiros, en el estado de Goiás, alberga la sabana más rica del planeta y saltos de agua de gran belleza. Con el impulso del Instituto Brasileño de Turismo (Embratur), en los últimos años se fue posicionando como un codiciado destino de ecoturismo.

El Parque Nacional Chapada dos Veadeiros (“Meseta de los cazadores de venados”, en español) viene consolidándose como destino de ecoturismo y turismo de aventura en Brasil. Se trata de una enorme sabana, enclavada en el estado de Goiás, a 250 km. de Brasilia.

Declarado Patrimonio Natural de la Humanidad en 2001 por la Unesco, a su bioma tan particular se lo conoce como “cerrado de altitud”; es el segundo ecosistema en tamaño de Brasil (ocupa el 23% de su territorio), y uno de los más ricos y amenazados del planeta, con un relieve accidentado y numerosas cascadas de gran atractivo que forman parte de la Reserva de la Biosfera de Goiás.

“Parece que en cualquier momento vamos a ver jirafas”, dijo un viajero al observar el paisaje, en el que por trayectos sólo se ven unos pocos árboles aislados. El guía le comentó que el aire africano no es casual, ya que alguna vez estas tierras formaron parte del gran escudo de Gondwana. Y añadió que “este ecosistema es la madre de todo; aquí hay especies de la Amazonía, de la Mata Atlántica, del pantanal y también endémicas del cerrado”.

La historia del Parque está ligada a la capital del país, ya que su creación ¬—en 1961, por el entonces presidente Juscelino Kubitschek— se estableció en el mismo documento en el que Brasilia se constituyó como capital nacional. Inicialmente, la idea era que el PN abarcara 650 mil ha., pero dado que un espacio de tales dimensiones era difícil de administrar, finalmente la superficie se redujo a las 65 mil ha. actuales.

Hoy la Chapada dos Veadeiros abarca varios municipios y es considerada un sitio místico; un imán para hippies, amantes de la ufología, ecoturistas y artistas. El motivo se atribuye al paralelo 14, una línea imaginaria que pasa por esta zona, al igual que por la ciudad sagrada de Machu Pichu, en Perú.

En ese sentido, Alto Paraíso es uno de los destinos más convocantes, por la naturaleza que lo rodea, las terapias naturales que se ofrecen y su cultura.

Asimismo, São Jorge es la puerta de entrada al Parque y se caracteriza por su aire bucólico.

Cavalcante, en tanto, posee otros tantos atractivos naturales, destacándose su llamativo relieve y las cascadas de aguas cristalinas. Además, alberga la mayor población quilombola (esclavos refugiados en quilombos) de Brasil.

En estos sitios las construcciones son muy simples y el cielo, deslumbrantemente diáfano. Las estrellas parecen estar al alcance de la mano.

SENDEROS DE CRISTAL.

La villa de São Jorge es un destino ineludible, ya que no sólo es la puerta de ingreso al Parque Nacional, sino que se destaca por la simpleza de su gente, antiguos hombres de campo y descendientes de mineros. Además de los mencionados personajes esotéricos.

Cuenta con un puesto de salud, dos iglesias, un centro comunitario, escuela, diversos bares, campings, posadas, restaurantes de comida casera y, por alguna extraña razón, muchas pizzerías.

Una de las sorpresas que depara el poblado es la casa pintada con los primeros diseños surrealistas del artista nativo Moacir, muy coloridos y llamativos.

La formación geológica de la zona es básicamente de cuarzo y cuarcita, y durante un largo período dio las piedras de cuarzo más grandes y puras de la región.

La extracción comenzó en 1945. Por entonces el cristal cotizaba muy bien, ya que era empleado como materia prima para la fabricación de los radiotransmisores utilizados en la Segunda Guerra Mundial (el principal cliente fue Estados Unidos).

Si bien la actividad minera terminó en 1991, aún se observan vestigios en el Parque en forma de agujeros, de donde se extraía el mineral.

Y un dato curioso es que, según la NASA, la abundancia de cristal de cuarzo en la región hace que la Chapada dos Veadeiros sea el punto más luminoso del planeta visto desde la órbita de la Tierra.

DENTRO DEL PARQUE NACIONAL.

Hay tres puntos primordiales que deben tenerse en cuenta a la hora de visitar la Chapada: el ingreso al Parque Nacional sólo está permitido con el acompañamiento de guías acreditados, las caminatas son largas y extenuantes, y el sol quema. Pero las magníficas vistas circundantes hacen que todo el esfuerzo valga la pena.

Dado que la Chapada dos Veadeiros posee más de 200 cascadas, se ofrece una gran variedad de actividades acuáticas, y es común que todas las caminatas incluyan baños en ríos o cascadas. Asimismo, el arborismo, el rapel y la tirolesa son otras de las alternativas del cerrado.

Uno de los circuitos clásicos y sumamente atractivos es aquel por el que se accede a dos bellas cataratas. Una de ellas es el salto del río Preto; la postal del Parque Nacional, con una caída de 120 m. Resulta imponente desde un mirador panorámico.

La segunda, de 80 m. de altura, está abierta al público y se permiten los baños en su base, que se asemeja a una enorme piscina llena de peces.

Más adelante, nada mejor que un hidromasaje natural en las “Correderas”, donde el agua se desliza con mucha fuerza a través de escalones de piedra, formando una olla donde no es fácil mantener el equilibrio.

Vale subrayar que el Parque Nacional Chapada dos Veadeiros es muy rico en biodiversidad; alberga una gran variedad de aves, reptiles, felinos y especies en peligro de extinción. El puma, el jaguar, el lobo guará (zorro gigante), el ocelote, el tapir, el armadillo, el oso hormiguero gigante, los monos aulladores y capuchinos, los reptiles y los guacamayos son numerosos, además del ñandú, el cóndor real y el gavilán. Y también, por supuesto, hay muchos venados.

En cuanto a la flora, durante las caminatas se observan todo tipo de plantas nativas, incluso algunas carnívoras y prehistóricas.

Cabe mencionar que el clima del cerrado es determinante para la vegetación. Se caracteriza por presentar dos estaciones bien definidas: una caliente y húmeda, que va de octubre a abril; y una seca y fría, de mayo a septiembre.

Durante esta última estación la vegetación parece invernar; pierde sus hojas para recuperarlas en el período húmedo, gracias a que la mayoría está dotada de una gruesa corteza que no deja escapar el agua, o de raíces muy profundas que atrapan la humedad.

Además, en este ecosistema el fuego y la vegetación van de la mano. Los ríos y pantanales que surcan la sabana actúan como barreras naturales para contener los incendios, que antes sólo eran de origen natural. Lamentablemente, ahora muchos son provocados por el hombre, y fuera del Parque Nacional se está quemando sin control, ya que el suelo se regenera en sólo una semana. Esta característica resulta muy tentadora para los criadores de animales y para quienes se inclinaron por el negocio de la soja.

Si bien muchas especies necesitan del fuego para vivir, otras se ven amenazadas.

ENTRE CASCADAS Y OVNIS.

Alto Paraíso, a 35 km. de São Jorge, es también conocida como la “Ciudad del Tercer Milenio”. Por su avenida principal se suceden los establecimientos con imágenes de dioses hindúes y extraterrestres, oferta de terapias alternativas y lectura del tarot. También hay muchas tiendas de souvenirs, generalmente realizados con los cristales de la región, y piedras como topacio, amatista, ágata y quarzo.

Asimismo, abundan los objetos hechos con flores, semillas y frutas, conocidos como “flores de la sabana”.

Desde la villa se ofrecen diversos paseos, ya que algunas haciendas de la región poseen bonitas cascadas de fácil acceso, ideales para descansar y tomar baños.

Antes de emprender cada salida es aconsejable consultar en los centros de apoyo al turista, ya que muchos circuitos sólo pueden transitarse con la compañía de un guía acreditado.

Uno de los sitios más demandados de la zona es la Reserva dos cristais, a 5 km. de Alto Paraíso. Se trata de un emprendimiento privado con senderos cortos que conducen a una serie de caídas de agua y piscinas naturales ocultas entre la vegetación del cerrado, como la bonita cascada del río Cristal.

La más alta es la catarata de Agua Fría, nacida del río homónimo, que no cuenta con una zona de baño pero deleita con su caída. Los más audaces tienen la posibilidad de descender por su pared de piedra haciendo rapel.

COMUNIDAD KALUNGA.

Antes de ser conocido por albergar parte del Parque Nacional Chapada dos Veadeiros, el municipio de Cavalcante ya era el albergue de uno de los principales quilombos brasileños durante el período minero de Brasil, hace alrededor de 250 años, cuando el estado de Goias fue conquistado por los colonizadores portugueses que buscaban riquezas minerales.

Por entonces, los negros fugitivos –mano de obra esclava de la época– se escondían en medio del bosque, y acabaron por originar varias poblaciones quilombolas, entre ellas la Kalunga. Encontraron su mejor refugio en la Chapada dos Veadeiros, un mar de sierras con una buena cantidad de ríos que los abasteció de agua.

Así, vivieron aislados, en sitios de difícil acceso, con una identidad y cultura propias.

Increíblemente, estas personas volvieron a tener contacto con la "civilización" hace menos de 30 años. Recién entonces supieron de la abolición de la esclavitud.

La comunidad tiene su propia cultura de alimentos para la subsistencia, así como de plantas medicinales para curar enfermedades.

Otro rasgo distintivo es que los kalungas sólo se casan entre sí, motivo por el cual conservan las características físicas y los rasgos del pueblo africano.

Habitan en chozas fabricadas de bloques de tierra y techos de paja. Aunque en los últimos años se observa la aparición de elementos de construcción de otras culturas.

El líder de la comunidad es don Cirilo, quien comentó que “los jóvenes kalunga están saliendo con una frecuencia cada vez mayor de las aldeas para estudiar en las ciudades vecinas. Muchos de ellos se gradúan y no vuelven más. Nosotros preferiríamos que ellos no estudiaran, pues no correríamos el riesgo de ver a nuestros jóvenes lejos de aquí".

El libro “Kalunga, pueblo de la tierra”, obra de la profesora Mari de Nazaré Baiocchi, una goiana ilustre, fue el puntapié inicial de todo el proceso para obtener el decreto presidencial que los protegiera. De esa manera, en 1991 el poblado fue declarado Sitio Histórico y Patrimonio Cultural Kalunga, parte esencial del patrimonio histórico y cultural brasileño. Posee 237 mil ha., entre las que se descubren deslumbrantes cascadas, como la de Santa Bárbara, de verde esmeralda intenso.

TIPS PARA EL VIAJERO

Ubicación: El Parque Nacional Chapada dos Veadeiros se encuentra en el estado de Goiás, a 250 km. de Brasilia.
Cómo llegar: por tierra, desde Brasilia. El tiempo de viaje es de aproximadamente tres horas.
Clima: presenta dos estaciones bien definidas; una seca y fría (que va de mayo a septiembre), y una caliente y húmeda (de octubre a abril).
Qué llevar: calzado confortable, ropas livianas y claras, protector solar, repelente y gorro.
Dónde alojarse: tanto Alto Paraíso como São Jorge y Cavalcante poseen varios hoteles y posadas. También hay campings.
Informes: http://www.icmbio.gov.br/parnachapadadosveadeiros/

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