Muchos años han pasado desde que Brigitte Bardot paseó su deslumbrante humanidad por estas playas. En ese entonces, Búzios era un tímido pueblito de pescadores. Encantador, por cierto. Tanto así que sedujo a un sinnúmero de argentinos y fue el refugio soñado y definitivamente adoptado por muchos de ellos. Hoy, se ha convertido en un destino exclusivo, uno de los más visitados de Brasil. Tan distinto de aquel -y sin embargo, siempre el mismo y siempre nuevo-, ha sabido reinventarse y mantener su charme único.
Hace casi tres décadas, la plaza de Ossos era testigo de las quimeras del Gato Dumas, y por las noches de ruidosas borracheras de bohemios nativos o por opción que empezaban a descubrir las delicias de Búzios. Hace veintitantos años, un argentino se casaba con una chica llegada de Bélgica, dueña de la idea de vender crepes por esos lares, y daba inicio en un local de 2x2 al que se convertiría en uno de los lugares ineludibles del destino. Aun años más tarde, João Fernandes tenía apenas un par de posadas y dos bares amables sobre la arena; y Ferradura era un calmo paraíso sobrevolado por gaviotas sin miedos, donde empezaban a construirse algunas pocas viviendas de cariocas afortunados.
Sin dudas, Búzios creció. Cuesta contar las posadas, los restaurantes, los bares, las tiendas de diseño, las construcciones que aparecen entre las playas donde antes no había casi nada. Sin embargo, basta con pisar la ya mítica Rua das Pedras para encontrarse de cara con toda la magia y el eterno glamour. Cada año más ecléctica y completa, la calle concentra lo mejor de la gastronomía y el comercio de Búzios. Entre los ateliers, las galerías de arte, las tiendas y los restaurantes que esconden mágicos balcones con música de mar, están los carritos de siempre, de artesanías, de tragos, de mágicos objetos en los que entretenerse.
El caso es que hasta los más proclives a las nostalgias encontrarán, a la vuelta de cualquier esquina, huellas de aquel viejo encanto. Porque en Búzios, cuando cae la tarde, todavía se puede encontrar cerca del mar a algún lugareño con la mirada perdida en el horizonte que deja resbalar de una guitarra distraída acordes de bossa nova.
LA DIVERSIDAD.
Indudablemente Búzios es un destino con muchísimos atractivos que, cada verano, llevan a hordas de turistas a recorrer sus 23 playas. Sin embargo, durante la temporada baja, es el lugar ideal para escapar del frío y tomarse por lo menos unos días de descanso, o incluso unas semanas los más afortunados.
Aseguran que este destino goza de 250 días de sol por año, y de otras tantas noches estrelladas. Así, durante los gloriosos meses de baja, Búzios sigue siendo tibia, sus playas parecen aún más doradas y los visitantes pueden transcurrir sin apuros entre la extensa oferta de restaurantes, de arte y el buen gusto en general.
Uno de los atractivos irrefutables de Búzios es la diversidad de sus playas. Geribá, con sus olas transparentes y vertiginosas es ideal para deportes como el surf o el windsurf, la elegida por la gente linda y famosa que posa sobre sus arenas claras. Ferradura es una ensenada de aguas calmas, con bares en los que por las tardes, la música brota como una natural celebración de la belleza. Azeda es la perfecta para llegar en barco, aunque también se puede hacerlo a través de un pequeño sendero desde Ossos. João Fernandes es siempre perfecta para disfrutar de un "peixe frito" frente al mar, regado, si es posible, con una buena caipirinha o cerveza helada. Para bajar la comida, se puede llegar con una caminata distendida hasta João Fernandino, pequeño paraíso de silencio y aguas cristalinas.
Acuario natural y deslumbrante, Búzios es ideal para los que quieren conocer las playas más a fondo. Su colorida y variada fauna marina se deja ver -mejor con máscaras de snorkel- en João Fernandes, João Fernandinho, Lagoinha, Forno, Azeda y Azedinha. Los más osados, podrán también explorar el fondo de corales junto con barracudas, anchoas, tortugas y meros. Para esto es ideal la Ilha da Âncora, a una media hora de lancha desde la costa, que ofrece abrigo de los vientos y las corrientes marítimas. Allí la visibilidad media es de 12 m y puede llegar hasta los 25 m en el verano, y la temperatura media del agua ronda los 22° C. También se puede bucear en las islas Gravatás, Filhote y en Ilha Feia.
Si de alojamiento se trata, Búzios cuenta con una variada selección para todos los gustos y presupuestos: desde los establecimientos de lujo hasta las encantadoras posadas, algunas con todos los servicios y otras con unos pocos cuartos que permiten al viajero sentirse como en casa.
Las hay en todas las playas, pero algunas se encuentran en un lugar privilegiado: el morro do Humaitá, muy cerca del centro. Para llegar a cualquiera de las playas, la opción más pintoresca y divertida es tomar un "aquataxis", barco a motor que por unos pocos reales depositan al viajero en cualquier punto costero de la península, con el impagable bonnus track de conocer el paisaje único de Búzios desde el mar. Humaitá tiene también las mejores vistas del destino en terrazas que se escalonan sobre el mar, y la esencia que los pioneros contagiaron al destino -o viceversa-. Quizá sea por eso que allí, en la Orla Bardot, una contemplativa Brigitte de bronce mira el mar que la enamoró un día.
Informes: www.buziosonline.com.br / www.buziosturismo.com/ buzios.rj.gov.br
El eterno encanto de Búzios
Lo tiene todo: playas de una diversidad irrefutable, los mejores restaurantes y pousadas, gente linda, y una magia única que, a través de los tiempos, ha enamorado a miles de visitantes.
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