Viajando relevó el país de punta a punta con el objetivo de armar un listado de museos imperdibles, que hoy compartimos con ustedes con el deseo de que sea una herramienta útil a la hora de recorrer los rincones de nuestra maravillosa Argentina.
El país de los museos
Durante este proceso consultamos a especialistas, sufrimos a la hora de dejar algunos afuera y nos alegramos muchísimo al saber que aún queda más por descubrir sobre nuestro patrimonio.
1. Salta: Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM).
Localizado en el casco histórico de la ciudad de Salta, el MAAM fue mentado en 1999 para preservar el sorprendente hallazgo de los “Niños de Llullaillaco”, tres momias incas encontradas en marzo de ese año, en perfecto estado de conservación, en la cima del volcán Llullaillaco.
Una visita permite apreciar este invaluable patrimonio, además de objetos, herramientas y utensilios encontrados a modo de ajuar alrededor de El Niño, La Doncella y La Niña del Rayo, tal como fueron bautizadas estas maravillas arqueológicas.
Conocer el MAAM y su centro de información andina nos permitirá acercarnos de manera real y didáctica a la civilización incaica que sin duda ha aportado de manera contundente para constituir la identidad de América.
2. Tucumán: Casa Histórica.
Uno de los museos que todo argentino debería visitar es la Casa Histórica de Tucumán, donde el 9 de julio de 1816 los congresales juraron la independencia nacional.
Al traspasar la pesada puerta, tantas veces reconocida en los dibujos escolares, podemos apreciar un gran patio central alrededor del cual se distribuyen las habitaciones. Más atrás hay otro patio con el típico aljibe colonial y por último un tercer espacio mucho más nuevo, donde están emplazados dos altorrelieves de la escultora Lola Mora.
Durante el recorrido, los visitantes pueden apreciar mobiliario de época, retratos de próceres argentinos, así como la mesa original utilizada en la histórica sesión del 9 de julio de 1816.
Actualmente, los visitantes esperan que caiga la noche para presenciar el espectáculo de luz y sonido que tiene lugar todos los días (excepto los jueves) a las 20.30 y que invita a los presentes a viajar en el tiempo, evocando los momentos previos a la jornada del histórico 9 de julio.
3. Córdoba: Museo Nacional Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers.
A primera vista, este museo nos deslumbra por su rica arquitectura original. Luego, a medida que descubrimos sus 17 salas de exposiciones nos empapamos con su historia, donde se suceden los legados de jesuitas, negros, habitantes originarios, europeos y criollos que transitaron por la estancia y le dejaron su impronta a la propiedad y a la ciudad.
La institución conserva mobiliario, fotografías, maquetas, objetos y documentos que recrean cada época. Así, es posible visitar la herrería, la alcoba y la cocina, entre otras salas. Además, cuenta con un salón auditorio donde se presentan conferencias; una biblioteca especializada en historia, arte, arquitectura y museología. Un archivo, el área de servicios educativos y la tienda completan el predio.
Además, se organizan conciertos, obras de teatro, funciones de títeres, talleres y actividades para niños.
4. Mendoza: Museos del Vino.
Como es sabido, los vinos mendocinos conquistan a locales y a turistas por igual. Por ello, varias bodegas y viñedos elaboraron circuitos que dan a conocer los orígenes y el desarrollo de la actividad vitivinícola.
De esta manera, frente a la ex Bodega Giol se creó el Museo Nacional del Vino y la Vendimia, instalado en una de las mansiones de la familia Giol, pionera en la vitivinicultura mendocina. La suntuosa propiedad conjuga distintos estilos arquitectónicos: allí se pueden apreciar cristales italianos, lámparas francesas talladas en bronce, relojes suizos, escaleras de mármol, inodoros pintados a mano y grifería de plata.
La visita completa nos permite trazar una semblanza de la que fuera una de las bodegas más importantes del mundo en los albores del siglo XX, destacándose las vitrinas que exhiben reconocidos vinos locales.
Por otra parte, recomendamos una visita complementaria a la Bodega La Rural, en cuya casa familiar se conserva un destacado acervo de 4.500 piezas que incluyen colecciones de herramientas, utensilios, maquinarias, carruajes, lagares, prensas, vasijas de roble, bombas, moledoras, catálogos enológicos, instrumental de laboratorio y botellas antiguas.
5. Ciudad de Buenos Aires: Museo Nacional de Bellas Artes.
El MNBA conserva uno de los mayores acervos artísticos de América Latina. Fue creado en 1895 pero su edificio actual sobre la Avenida del Libertador fue habilitado en 1933. Cuenta con casi 12 mil piezas.
Teniendo en cuenta la importancia y el tamaño de la colección, recomendamos apuntarse en las visitas guiadas gratuitas que salen diariamente y revelan las obras más destacadas de las 24 salas.
Pero si prefiere dejarse llevar por el instinto, se sorprenderá deambulando entre pinturas, esculturas, tapices y objetos de los últimos 10 siglos, donde dialogan en perfecta armonía obras de Pueyrredón, De la Cárcova, Fader, Figari, Torres García, Goya, Van Gogh, Rodin, Courbet, Degas, Forner, Renoir y Manet, entre otros grandes artistas.
El museo cuenta con sala de exposiciones temporarias, cafetería, tienda, biblioteca, auditorio y una gran agenda que incluye actividades para niños de todas las edades.
6. Buenos Aires: Museo de La Plata.
El Museo de La Plata fue creado en 1884 gracias a donaciones efectuadas por Francisco Pascasio Moreno, fundador y primer director del establecimiento. Se localiza en el centro del Paseo del Bosque, en un imponente edificio de estilo neoclásico, y es uno de los atractivos más visitados de la capital provincial.
Desde 1905 pertenece a la Universidad Nacional de La Plata y sus 20 salas se dividen en dos plantas que cuentan con valiosas colecciones de geología, biología, zoología, paleontología y antropología. Así, se pueden apreciar una gran variedad de piezas, desde minerales, insectos, fósiles prehistóricos y animales embalsamados hasta cerámicas de culturas precolombinas en un recorrido a través del tiempo desde el origen del Universo.
Vale mencionar que el museo realiza una gran tarea educativa en la que pueden participar grandes y chicos, además de ofrecer visitas guiadas.
7. Neuquén: Museo Nacional de Bellas Artes.
Con mucha menor difusión de la que merece, el MNBA de Neuquén, inaugurado en 2000, es la única sede en el interior del país del homónimo porteño.
Desde hace 10 años ocupa un espléndido edificio construido por el prestigioso arquitecto Mario Roberto Álvarez, autor del edificio del Teatro General San Martín de la Ciudad de Buenos Aires.
Desde entonces, el MNBA se ha consolidado como un activo centro cultural de su región, para debatir y generar ideas, en el cual se combinan muestras de arte, simposios, congresos, ciclos de cine, teatro y conciertos gratuitos.
Pero lo que realmente sobresale es la calidad de su colección permanente, que abarca desde el renacimiento hasta el impresionismo francés. Además, cuenta con una completísima selección de obras nacionales y latinoamericanas, desde los precursores hasta las últimas tendencias. Así nos podemos sorprender con obras de artistas como Mantegna, Durero, Toulouse-Lautrec, Goya, Sorolla, Tarsila do Amaral, Cándido López, Della Valle, Quinquela Martín, Castagnino, Torres García y Xul Solar.
8. Chubut: Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF).
El MEF es el mayor centro de investigaciones paleontológicas de la Patagonia, se localiza en Trelew y su muestra permanente es única en el país. Las temáticas abarcan desde el origen del Universo, pasando por los gigantescos dinosaurios hasta los primeros pobladores patagónicos.
El MEF nació hace 25 años y en 1999 reabrió en su actual edificio. Su colección suma unos 25 mil fósiles, preservados de acuerdo a estándares internacionales. Cabe destacar que, a través de un gran ventanal que da al laboratorio de preparación de fósiles, los visitantes pueden apreciar el trabajo científico y técnico realizado en el museo.
La exhibición permanente se divide en cuatro salas que incluyen las principales eras geológicas y muestran fósiles originales, réplicas y reconstrucciones de distintos animales y plantas, en su gran mayoría de la Patagonia.
La sala del Mesozoico, dominada por los gigantescos dinosaurios, constituye el gran atractivo que sorprende a grandes y chicos. Allí resulta particularmente interesante contemplar el fémur fosilizado original del dinosaurio más grande del mundo, que fue hallado en un campo cercano a la localidad de El Sombrero, en Chubut, y está siendo estudiado por los investigadores del MEF, quienes estiman que el animal midió 42 m. de largo y pesó 76 toneladas.
Por otra parte, el MEF lleva adelante un programa de extensión que incluye jornadas de museo abierto y un “Café Científico”. Aunque lo que más llegada tiene es el programa para niños “Exploradores en Pijamas”, con actividades educativas y juegos para, finalmente, dormir junto a los enormes dinosaurios.
9. Río Negro: Museo de la Patagonia.
Desconocido para muchos viajeros que llegan a San Carlos de Bariloche, el Museo de la Patagonia se localiza desde 1940 junto al complejo edilicio del Centro Cívico y depende de la Administración de Parques Nacionales.
Su acervo conserva un destacado patrimonio que reconstruye parte de la historia patagónica. El recorrido se distribuye en salas permanentes de Historia Natural, Arqueología, Historia Indígena e Historia Regional. Además, cuenta con una gran colección de piezas prehistóricas y de manifestaciones culturales de pueblos originarios como los Yamana, Selk’nam, Tehuelche y Mapuche.
También vale mencionar los manuscritos, recortes y fotografías del perito Francisco Pascasio Moreno, así como documentación y objetos que ilustran la historia de Bariloche. Sorprende también la existencia de una pinacoteca con obras de Forner, Del Prete, Butler, Sívori y Berni.
10. Tierra del Fuego: Museo Marítimo y del Presidio.
En Ushuaia, de cara al Canal de Beagle, se levanta una construcción centenaria que fue sede del presidio más austral del planeta. Hoy, el ex presidio es Monumento Histórico Nacional y encierra los relatos más profundos de los criminales que allí vivieron.
Un sector exhibe réplicas de embarcaciones, antiguas fotos y objetos recuperados de los primeros años de la localidad; mientras que en otra de las alas del edificio se observan figuras de los reclusos más famosos, como el joven anarquista Simon Radowitsky; Santos Godino, conocido como "El Petiso Orejudo"; y el múltiple homicida Mateo Vans, apodado “el Místico”. Aquí se relata la historia de sus aventuras, trabajos, castigos y sus increíbles finales, bajo la agresividad de las condiciones climáticas y el aislamiento geográfico.
Además, un ala se conserva en estado original. Allí se pueden conocer las celdas que usaron los convictos, sus paredes de piedra y sus rejas antiguas. Al observar cada detalle no es raro que lo invada un escalofrío interno que congelará hasta el ambiente del pabellón.
Por Carlos Fernández Balboa (licenciado en Museología)
Resulta interesante y ambivalente la relación que tiene la sociedad con los museos: muchos los consideran espacios aburridos, aunque para otros son lugares de prestigio, descubrimiento, placer y emoción. Estas sensaciones quedan de manifiesto cuando vamos de viaje a destinos que promueven sus aspectos culturales. No se puede decir que estuvimos en Madrid si no pisamos el Museo del Prado o en París sin haber visitado el Louvre. Y es que los museos son embajadores de la cultura de cada lugar que visitamos. Y Argentina no es la excepción. Por eso muchas veces nuestros museos son más apreciados por los visitantes extranjeros que por los locales. Pero esta realidad se repite casi en todo el mundo ya que la cercanía genera, a veces, una mirada no siempre valorativa: “¿Cómo va a ser importante o valioso si lo tengo al lado?”. Por esto, lamentablemente, muy pocos compatriotas estarían en condiciones de mencionar algunos de los más de mil museos de nuestro país. En ellos se conserva patrimonio, se investiga, difunde y educa –en ese orden de importancia–, misiones fundamentales de cualquier museo que se precie. Pero el visitante sólo ve una parte –la exhibición– de ese amplio mundo que encierra la museología. En general se calcula que apenas el 8% del patrimonio del museo puede exhibirse –por lógicas razones de espacio– lo que lleva a pensar que muchas instituciones podrían doblar la apuesta en muestras temporales o itinerantes, y en renovar su muestra permanente. Desde el punto de vista turístico los museos son un atractivo ineludible. Pero lo importante es que generan un servicio concreto a la comunidad, colaborando en la investigación cultural y científica, generando identidad, siendo un espacio irremplazable de educación no formal y de esparcimiento. Muchos de ellos deben enfrentarse, con más ingenio que presupuesto, a saltar el mote de aburridos. Poco a poco eso está cambiando e incluso institucionalmente ya se cuenta con herramientas como la normas IRAM Sectur de servicios a visitantes de museos. En cada institución que preserva patrimonio y que se abre al mundo pensando en brindar un servicio hay una oportunidad de que se produzca ese feliz encuentro con la historia y la identidad que puede cambiarnos la vida. Deberíamos aprovecharlo.
Temas relacionados


Deja tu comentario