Muchos la consideran como uno de los lugares más especiales del planeta. Tiene todo el encanto de la Polinesia, magníficas playas y una exuberante vegetación. Si a esto se agrega el calor de su gente y su sabrosa cocina, resulta una combinación perfecta. Sin embargo, su mayor atractivo son los gigantes de piedra que se encuentran en su territorio y su místico ambiente, que se prestan para vivir una aventura fascinante.
Las cinco horas de vuelo desde Santiago (Chile) bien valen la pena al aterrizar en el aeropuerto Internacional Mataveri y ver el maravilloso paisaje que rodea a esta isla mágica. Verdaderamente es una invitación a descubrir sus enigmas. Conocida por sus nativos como Rapa Nui o Te-Pito-Henúa, "el ombligo del mundo", está ubicada en el océano Pacífico y es la isla americana más alejada del territorio continental.
Al llegar, una vez instalados en uno de sus lujosos hoteles, los amantes de la historia pueden comenzar a descubrir alguno de los secretos del lugar recorriendo la ciudad de Hanga Roa y el Parque Nacional Rapa Nui. Pero lo ideal es hablar con los habitantes más antiguos del lugar que, sin duda, son un libro abierto: nadie conoce como ellos los misterios de Rapa Nui.
A través de los años, su pueblo ha logrado con gran esfuerzo preservar la cultura pascuense y los preciados moais, vestigios de sus antepasados y parte de sus arraigadas costumbres. Estas enormes esculturas de piedra son un referente universal de la cultura Rapa Nui y su construcción -al igual que las pirámides de Egipto- sigue siendo un misterio.
Entre las variadas teorías existentes en torno a estas míticas figuras, la más aceptada dice que fueron levantadas como representaciones fúnebres de los ancestros originarios de la isla. En la isla quedan cientos de moais, con una altura que varía entre tres y 12 m. Están esculpidos sobre corteza volcánica y representan enormes cabezas con narices y oídos alargados. Al principio las figuras llevaban moños de piedra roja llamados pukao, de más de 10 toneladas.
Un dato curioso y sorprendente es que estos grandotes de piedra no están simplemente colocados en su lugar, sino puestos en agujeros perfectamente tallados en la roca que forma el suelo de la isla. Además, estas verdaderas camas de los moais están en diferentes tramos de la carretera, que va cuesta arriba. Los ahu son centros ceremoniales o enterratorios que albergan los moais y están dispersos por toda la isla. Algunas de estas estructuras presentan orientaciones astronómicas relacionadas con los solsticios y equinoccios.
Ahu Akivi o Siete Moais, que representa a los descubridores de la isla. Todos los moais erigidos sobre sus ahus miraban al interior de la isla, excepto estos siete que miran al mar. Quizá el por qué sólo lo sepan algunos nativos.
Otro lugar imperdible es Ahu Tongariki, el altar más grande de Rapa Nui, que alberga 15 moais. El momento ideal para contemplarlos es el amanecer, cuando el sol sale por el mar iluminado, detrás de los gigantes.
El volcán Rano Raraku era el lugar de fabricación de las imponentes moles de piedra. Allí se tallaban los moais y se pueden encontrar piezas sin terminar y algunas ya listas para partir a su lugar de descanso. Entre las estatuas que quedaron a medio labrar hay una de 21 m. Todo indica que la cantera fue abandonada repentinamente.
Otro de los recorridos obligados es el Complejo Arqueológico de Tahai, en las cercanías de Hanga Roa, el cual está formado por tres ahu, donde se veneraba a los ancestros. Al norte está Kote Riku, Tahai al centro y Vai Uri al sur. En ellos puedes encontrar el Hare Paenga, las bases de una casa bote con la cara hacia abajo, y una estructura de piedra con gruesos muros: Hare Maoa. También hay cavernas con muros de piedra y ocho túneles de entrada.
Mauna Terevaka es el cerro más alto de la isla; alcanza los 509 m. y desde allí se pueden ver los tres vértices de la isla. Esta vista panorámica sin dudas ayuda a comprender algunas rarezas. En el extremo sur de la cima está el volcán Rano Aroi, al que se accede por Ahu Akivi o Vaitea. Maunga Orito, Ahu Vinapu, Anakena, Ovahe, Ahu Pito Kura, Rano Raraku, Akahanga, Vaihu, la península de Poike, Vai a Heva, Papa ui hetu u y Ana O keke también son sitios que merecen una visita. Apenas algunos de los más llamativos, pero los secretos de la isla sólo se conocen recorriéndola de un extremo a otro para descubrir uno de los enigmas más grandes del mundo.
Las cinco horas de vuelo desde Santiago (Chile) bien valen la pena al aterrizar en el aeropuerto Internacional Mataveri y ver el maravilloso paisaje que rodea a esta isla mágica. Verdaderamente es una invitación a descubrir sus enigmas. Conocida por sus nativos como Rapa Nui o Te-Pito-Henúa, "el ombligo del mundo", está ubicada en el océano Pacífico y es la isla americana más alejada del territorio continental.
Al llegar, una vez instalados en uno de sus lujosos hoteles, los amantes de la historia pueden comenzar a descubrir alguno de los secretos del lugar recorriendo la ciudad de Hanga Roa y el Parque Nacional Rapa Nui. Pero lo ideal es hablar con los habitantes más antiguos del lugar que, sin duda, son un libro abierto: nadie conoce como ellos los misterios de Rapa Nui.
A través de los años, su pueblo ha logrado con gran esfuerzo preservar la cultura pascuense y los preciados moais, vestigios de sus antepasados y parte de sus arraigadas costumbres. Estas enormes esculturas de piedra son un referente universal de la cultura Rapa Nui y su construcción -al igual que las pirámides de Egipto- sigue siendo un misterio.
Entre las variadas teorías existentes en torno a estas míticas figuras, la más aceptada dice que fueron levantadas como representaciones fúnebres de los ancestros originarios de la isla. En la isla quedan cientos de moais, con una altura que varía entre tres y 12 m. Están esculpidos sobre corteza volcánica y representan enormes cabezas con narices y oídos alargados. Al principio las figuras llevaban moños de piedra roja llamados pukao, de más de 10 toneladas.
Un dato curioso y sorprendente es que estos grandotes de piedra no están simplemente colocados en su lugar, sino puestos en agujeros perfectamente tallados en la roca que forma el suelo de la isla. Además, estas verdaderas camas de los moais están en diferentes tramos de la carretera, que va cuesta arriba. Los ahu son centros ceremoniales o enterratorios que albergan los moais y están dispersos por toda la isla. Algunas de estas estructuras presentan orientaciones astronómicas relacionadas con los solsticios y equinoccios.
Ahu Akivi o Siete Moais, que representa a los descubridores de la isla. Todos los moais erigidos sobre sus ahus miraban al interior de la isla, excepto estos siete que miran al mar. Quizá el por qué sólo lo sepan algunos nativos.
Otro lugar imperdible es Ahu Tongariki, el altar más grande de Rapa Nui, que alberga 15 moais. El momento ideal para contemplarlos es el amanecer, cuando el sol sale por el mar iluminado, detrás de los gigantes.
El volcán Rano Raraku era el lugar de fabricación de las imponentes moles de piedra. Allí se tallaban los moais y se pueden encontrar piezas sin terminar y algunas ya listas para partir a su lugar de descanso. Entre las estatuas que quedaron a medio labrar hay una de 21 m. Todo indica que la cantera fue abandonada repentinamente.
Otro de los recorridos obligados es el Complejo Arqueológico de Tahai, en las cercanías de Hanga Roa, el cual está formado por tres ahu, donde se veneraba a los ancestros. Al norte está Kote Riku, Tahai al centro y Vai Uri al sur. En ellos puedes encontrar el Hare Paenga, las bases de una casa bote con la cara hacia abajo, y una estructura de piedra con gruesos muros: Hare Maoa. También hay cavernas con muros de piedra y ocho túneles de entrada.
Mauna Terevaka es el cerro más alto de la isla; alcanza los 509 m. y desde allí se pueden ver los tres vértices de la isla. Esta vista panorámica sin dudas ayuda a comprender algunas rarezas. En el extremo sur de la cima está el volcán Rano Aroi, al que se accede por Ahu Akivi o Vaitea. Maunga Orito, Ahu Vinapu, Anakena, Ovahe, Ahu Pito Kura, Rano Raraku, Akahanga, Vaihu, la península de Poike, Vai a Heva, Papa ui hetu u y Ana O keke también son sitios que merecen una visita. Apenas algunos de los más llamativos, pero los secretos de la isla sólo se conocen recorriéndola de un extremo a otro para descubrir uno de los enigmas más grandes del mundo.


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