San Pablo es, ante todo, una megaciudad. La más poblada de Sudamérica, alberga a más de 10 millones de almas, que llegan a 20 millones si se cuentan a las que habitan en los suburbios. Capital económica y financiera de un coloso como Brasil, su poderío se expresa en un dato curioso: es también la segunda ciudad del mundo con más helicópteros, sólo por detrás de Nueva York. Por todo esto, en principio, San Pablo abruma.
San Pablo: de paseo por la megaciudad
Pero su inmensidad también implica que en cualquier momento que la visite, podrá encontrar allí lo que desee. Sea lo que sea. Comidas de Brasil y del mundo en restaurantes familiares o multipremiados, en la lista de los mejores del mundo; museos con muestras internacionales; tiendas de marca y de diseño, librerías y disquerías que invitan a quedarse más y más tiempo; arte callejero; enormes espacios verdes; recitales; barrios de casas señoriales y calles arboladas y otros hipermodernos, con edificios de arquitectura impar y un tráfico incesante de gente. También mercados tradicionales y sofisticadas terrazas donde tomar un trago con la imponente vista de la ciudad que nunca termina y lo cubre todo, hasta donde alcanza la vista. Todo eso y mucho más, está en San Pablo. Pero entonces, ¿por dónde empezar?
SAN PABLO TRADICIONAL.
Un city tour tradicional comienza por el centro histórico de la ciudad: allí se visitan el Patio do Colegio, sitio fundacional; la Praça da Sé, flanqueada de palmeras altísimas y coronada por la catedral neogótica del mismo nombre; y el monasterio de São Bento, una de las primeras construcciones, donde todavía hoy viven los monjes benedictinos. Otros puntos a señalar son la Municipalidad, en el Viaduto do Chá, el Teatro Municipal, la Bolsa de Valores y el Edificio Matarazzo.
A la hora del almuerzo la parada imperdible es el Mercado Municipal, famoso por sus sándwiches de mortadela (con cantidades abrumadoras del fiambre) y empanadas de bacalao: en los locales más conocidos hay largas colas para hacerse con uno de los bocadillos. Luego resta caminar entre los puestos y deslumbrarse con la variedad de frutas exóticas, comprar condimentos y apreciar los vitrales desde el entrepiso que invita a tomar las mejores fotos.
No lejos de allí, vale la pena conocer la Estación de Luz, magnífica construcción inglesa de 1901, donde el arribo de los trenes comparte edificio con el Museo de la Lengua Portuguesa: una puesta moderna, interactiva y entretenida da cuenta allí de la formación y evolución de ese idioma en Brasil, sin olvidar las diversidades regionales. Justo enfrente se encuentra la Pinacoteca del Estado, uno de los museos más importantes de Brasil, con 6 mil obras entre pinturas de los siglos XIX y XX, esculturas, tapices, vajilla y porcelana. Adyacente, el Museo de Arte Sacra, que data de 1774, atesora unas 4 mil piezas traídas de iglesias de todo el territorio brasileño.
Si lo sorprende la caída de la tarde, un sitio imperdible para disfrutar un trago y tomar conciencia de las dimensiones de la ciudad es el Terraço Itália, en el centro de la ciudad. Desde su restaurante o su bar, en el piso 41 y 42, respectivamente, San Pablo se exhibe en toda su magnificencia en una panorámica de 360°, mientras suenan bandas de jazz o música de los 80. Más tarde, una visita a la emblemática esquina de Ipiranga y Avenida Sao Joao –la que conmueve el corazón de Caetano Veloso, inmortalizada en su canción devenida en himno informal de la ciudad– permite entrar al Bar Brahma y dejarse llevar por el samba y la bossa nova.
LIBERDADE Y PAULISTA.
Después de este paseo, imprescindible, resulta que aún hemos conocido muy poco. Una visita a San Pablo no está completa sin conocer el barrio de Liberdade, donde se respira una atmósfera oriental única y se palpa un poco de la diversidad cultural paulistana. Allí se encuentra la mayor colonia de japoneses fuera de Japón, a la que se suman también chinos y coreanos. Tras fotografiarse en el monumental toori, tradicional puerta de entrada al barrio, hay que recorrer la calle Galvão Bueno para encontrar desde kimonos hasta vajilla, desde ingredientes exóticos hasta sushi al paso. Además de los muchos comercios, los fines de semana se instala en el barrio una pintoresca feria.
Ahora si, es tiempo de visitar la zona más emblemática de San Pablo y su principal postal: la Avenida Paulista. Centro financiero, cultural y de entretenimiento, recorrerla permite detenerse a descubrir algunas mansiones que sobrevivieron desde la época de la aristocracia cafetera del siglo XIX, encerradas entre modernos edificios de curiosa arquitectura. En los tres kilómetros de avenida, las paradas obligatorias son el Museo de Arte de São Paulo (MASP), con una de las colecciones de obras más destacada de América Latina; el Parque Trianon, espacio verde antes frecuentado por intelectuales, ideal para descansar en medio de la jungla de cemento o presenciar alguna presentación cultural; y la Casa de las Rosas, un caserón donde se respira arte y hoy funciona un espacio cultural. El emblemático Edificio Fiesp alberga una galería de arte, teatro y espacios para espectáculos de danza y música. También sobre la avenida es imperdible la magnífica Livraría Cultura (4.300 m² en tres pisos donde los amantes de la lectura se pierden o encuentran lo inhallable) de donde es muy difícil salir sin algún paquete en mano.
PARQUES, JARDINES Y GLAMOUR.
El parque Ibirapuera es el pulmón verde de San Pablo, con 1,584 km² y un diseño en el que participaron el arquitecto Oscar Niemeyer y el paisajista Roberto Burle Marx. Eventos, conciertos, actividades artísticas, numerosos museos y tres lagos interconectados forman parte de su paisaje. Se destacan el Monumento às Bandeiras, que recuerda a los bandeirantes, que definieron los límites del actual territorio brasileño; y el Palacio de las Industrias, actual sede de la Bienal de San Pablo y la São Paulo Fashion Week. Otros atractivos son el Pabellón Japonés, el Planetario, el Vivero y la Oca, donde se realizan exhibiciones artísticas. Entre los museos que se distribuyen en el parque destacan el de Arte Moderno (MAM), con más de 4 mil obras entre las que sobresalen algunas de Cándido Portinari, Emiliano Di Cavalcanti y Tarsila do Amaral; y el Museo de Arte Contemporáneo (MAC).
Si de glamour se trata, San Pablo también lo tiene todo. En este sentido, es ideal pasear por los barrios de Jardins (en realidad son cuatro “jardines”: Jardim Paulista, Jardim América, Jardim Paulistano y Jardim Europa), donde se encuentran las tiendas chic y restaurantes gourmet, sobre todo sobre las calles Oscar Freire y Haddock Lobo. Allí los amantes de la moda quedarán embelesados con las vidrieras de las marcas internacionales más famosas y caras, tanto es así que la Oscar Freire es considerada una de las ocho calles más lujosas del mundo.
Paralela a la calle Haddock Lobo se encuentra la Rua Augusta. Aquí es donde encontrará tiendas de diseño de productores locales, además de restaurantes y bares de todos los estilos. Ahora, si la intención es salir de bares a tomar una cerveza, escuchar música y ver gente linda, el lugar es Vila Madalena: desde los clásicos “botecos” brasileños hasta los que reúnen a fanáticos del fútbol o a parte de la intelectualidad local. Tampoco faltan la música en vivo ni las pistas donde se baila al ritmo de los estilos más variados.
En una de las ciudades más grandes de América, y por lo mismo una de las mayores junglas de cemento del continente, se encuentran sin embargo algunas de las más sorprendentes explosiones de color en las calles. Es que San Pablo es también una de las urbes más graffiteadas del mundo. Aunque los murales en espacios públicos se encuentran en toda la ciudad, algunos de los más interesantes se pueden ver en Vila Madalena y Vila Santana. Aquellos que estén interesados en el street art, encontrarán incluso empresas especializadas que ofrecen tours por los graffitis paulistanos.
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