Uno de los lugares imperdibles para deleitarse con nuevos sabores es Terra Amata Arica Restaurant, que desde diciembre de 2005 ha encantado a la capital de la recién estrenada Región de Arica-Parinacota.
El establecimiento se ubica estratégicamente en el casco histórico de la ciudad, con una vista privilegiada que domina la plaza Colón y la iglesia de San Marcos por su orientación nororiente; y el Puerto y morro de Arica por el lado sur poniente. Su dueño, el arquitecto Fernando Antequera, diseñó el lugar pensando en rescatar el deteriorado sector en que está emplazado. Como obra de arquitectura se planteó la ocupación del lugar como una ecuación de justicia entre lo existente y lo nuevo, como un compromiso de hacer ciudad entendiendo este hecho como continuo, donde las partes deben lograr un todo armónico, explicó Antequera.
Y esta afirmación no se refiere sólo a la construcción, sino a un todo, ya que Terra Amata está orientado a constituirse en un punto que reúne las condiciones de calidad y características de atracción culinarias necesarias para quienes lo visitan y así, redescubrir el casco histórico a través de una arquitectura atrayente y una gastronomía marcadamente regional.
Terra Amata: sabor con historia
Vestigios ancestrales.
Pero a pesar del interés que ha despertado Terra Amata, este proyecto comenzó en otro lugar y con un enfoque totalmente diferente: iba a ser un pequeño apart hotel boutique emplazado en los alrededores de lo que es hoy el restaurante.
En 2001 junto a mi mujer, Astrid Stoehrel, visualizamos la posibilidad de trasladarnos a Arica -un antiguo anhelo de ella que había hecho sus años universitarios en la ciudad-; y por mi parte, debido a una recurrencia persistente que desde niño me llevó a visitar el norte grande en casa de mis abuelos paternos en Tocopilla.
De 2001 a 2003 visitamos periódicamente Arica explorando e imaginando la forma de nuestra venida. De estas visitas nos fueron quedando claro dos aspectos: por una parte percibimos que la actividad que presentaba una buena opción era justamente el turismo por la condición de ser una ciudad-puerto que forma parte de la Región Centro Sur Andina con todos los circuitos turísticos que operan en ella y su condición fronteriza con tres países (Argentina, Bolivia y Perú). Por otra parte, vimos la necesidad de crear una infraestructura de servicios turísticos apropiados.
Además, la condición de deterioro del casco antiguo de la ciudad, no obstante su valor patrimonial e histórico, nos llevó a concluir que nuestra opción se definía en los siguientes términos: comprar un terreno en ese sector, construir una casa para vivir y además uno o dos pequeños departamentos para arrendar a turistas, señaló el arquitecto.
Pero fue en 2004 cuando este matrimonio decidió adquirir la casa-terreno de Colón 10, sin pensar la sorpresa que encontrarían allí. Antequera relata que el desarrollo del proyecto de arquitectura de la casa con dos departamentos se transformó en un pequeño hotel de 20 habitaciones. En junio de ese año se iniciaron los trabajos de excavación para un estudio de mecánica de suelo. Nos encontrábamos en Santiago y recibimos un llamado telefónico anunciándonos que se habían encontrado algunos cuerpos y que al parecer serían momias, por lo que decidimos paralizar los trabajos y viajar a la brevedad. Al llegar, junto a Astrid evaluamos la situación y no nos quedaron dudas de que debíamos informar la situación a las autoridades, y serían los expertos antropólogos y arqueólogos quienes definirían que hacer.
Ante la evidencia que se trataba de momias de la cultura chinchorro -lo cual fue determinado por los expertos Vivien Standen y Calogero Santero-, la postura de Fernando y Astrid fue de plena colaboración para que se llevara a cabo la investigación adecuada para posteriormente en conjunto tomar la mejor decisión. Fue así como transcurrió casi un año y medio en múltiples tratativas de solución, desde la inminencia de una eventual expropiación que algunos propiciaban, hasta la posibilidad de construir un museo y un hotel simultáneamente en el mismo lugar, agregó el profesional.
Ya asentada en la ciudad en septiembre de 2004, la pareja buscó un proyecto alternativo mientras se resolvía el tema de Colón. Así nació lo que hoy es Terra Amata Arica Restaurant, que al igual que el proyecto original se inserta en el casco antiguo de la ciudad con la clara intención de valorar el sector y potenciar su rescate y desarrollo. Por su parte, Colón 10 fue comprado por la Universidad de Tarapacá para levantar un museo de la cultura chinchorro que pretende perfilarse como Patrimonio Cultural de la Humanidad de la Unesco, mientras que Terra Amata se instaló para satisfacer a los paladares más exigentes en un ambiente único. El resto es historia.
¿De dónde provino el nombre Terra Amata?
Terra Amata significa Tierra Aamada. En la costa mediterránea francesa, próximo a Niza, existe un peñón de 26 m. de altura en donde se han encontrado vestigios del uso del fuego por parte del hombre (Homo Erectus) de hace unos 400 mil años. Allí se ha construido un museo paleontológico que da cuenta del hallazgo llamado de la misma forma.
Este lugar lo descubrimos buscando experiencias donde pudieran convivir un museo con un hotel, tal como fue nuestra propuesta inicial para Colón 10, por lo que nos pareció coherente unir el origen y el cariño por el lugar y de esta manera adoptamos el nombre.
¿Cuáles son las características de Terra Amata?
Es un lugar de encuentro en la parte más antigua de la ciudad, donde se puede disfrutar tanto del lugar, su historia, su entorno y una exquisita gastronomía regional.
¿Cuál es su especialidad?
Nuestra mayor y mejor especialidad es acoger al visitante en un lugar cómodo, amable y estético, con una gastronomía que da cuenta del mar, la tierra, la costa y el altiplano, contextualizando la visita a esta ciudad-puerto.
Por otro lado, nuestros platos más solicitados son aquellos que están preparados con productos del mar y de la precordillera y al altiplano, como la quínoa presente en el pastel Terra Amata.
También nos diferencia nuestras mesas grill racclette, donde los comensales pueden cocinar a voluntad su plato, controlando los aderezos como los tiempos de cocción, según cada preferencia.
¿Cómo sería una comida memorable?
Naturalmente con un grupo de amigos, cenando pescados y mariscos de las costas ariqueñas como el Apañado, Acha, Mulato o San Pedro; acompañados de camarones de río y un buen vino de las nuevas viñas emergentes nacionales. Para terminar la velada, un bajativo en nuestro futuro club de jazz.
¿Cómo definiría el paladar de los chilenos?
Más grande que sabroso.
¿El cliente siempre tiene la razón?
Formal y definitivamente sí.
¿Quién es el chef de Terra Amata?, ¿cuál es su trayectoria?
Alejandro Sarmiento Condori es nuestro chef. Es peruano y lleva en nuestro país más de 15 años, cuenta con gran experiencia y cualidades para la gastronomía, tanto regional como internacional.
También forman parte del equipo de cocina el segundo cocinero Miguel Ángel Pizarro; y el tercer cocinero, Juan Gabriel Brantes, ambos chilenos.
¿Cuál es la orientación que decidieron darle a la carta?
La carta de platos es internacional con un acento en la gastronomía regional, con ingredientes frescos y naturales de los valles de Azapa y Yuta, junto a pescados y mariscos del Pacífico, de la zona donde el continente sudamericano se curva hacia oeste.
¿Es importante contar con una buena carta de postres?
Por supuesto, un cierre dulce entre tibios y fríos, acentuados con aromas licorosos son siempre bienvenidos.
¿Qué puede decir de su carta de vinos?
Tenemos disponible más de 90 etiquetas de vinos chilenos. En general, hemos armado nuestra propuesta sobre la base de viñas emergentes nacionales que estén con presencia en el mercado dentro de los últimos 10 años. En cuanto a cepas, tenemos los tradicionales Sauvignon Blanc y Cabernet Sauvignon, además de los Chardonnay, Syrah, Carmenere, Merlot, Pinot Noir y algunos innovadores ensamblajes.
El bar Puerto Libre del Restaurant es un polo cultural en la ciudad. ¿Qué tipo de eventos se realizan?
En estos momentos está en proceso de remodelación y ajustándose a una nueva versión donde estará el Club de Jazz de Arica, en el que desarrollaremos conciertos en vivo de artistas nacionales y extranjeros.
La idea es posicionar un lugar donde la música y particularmente el jazz sean protagonistas, donde tendremos instrumentos propios para que quienes nos visiten se sientan atraídos a integrarse a la sesión, como también invitar a jóvenes músicos a clínicas (charlas y cursos) con artistas de mayor experiencia para que puedan desarrollase.
Tips del viajero
Nombre: Terra Amata Arica Restaurant.
Dirección: Yungay 201, Arica, Chile.
Teléfono: (56 58) 259057
Informes: [email protected]
Tipo de comida: cocina de autor con platos regionales.
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