San Andrés es una isla caribeña que pertenece a Colombia y que seduce con sus atributos a todos los visitantes. Arenas blancas, un mar que vira del celeste claro al turquesa profundo, el perfume a ron, la calidez de su gente, los resorts all-inclusive, la diversión, otros paraísos cercanos, todo eso ofrece este lugar.
Todo el ritmo del Caribe colombiano
Johnny Cay, San Andrés.
Ubicada a 700 km. del continente, la isla ocupa 12,8 km. de largo por entre 3 y 5 km. de ancho, de manera que es simple de manejarse y conocer. Un primer acercamiento aconsejable es realizar la vuelta a la isla en moto o carro de golf, trayecto que puede demorar una hora, o un poco más si el deseo es detenerse en algunos lugares, como la Casa de la Cultura Isleña, que se asemeja al estilo colonial británico y donde se brinda un espectáculo con bailes que reflejan las nacionalidades que conforman el pueblo. La iglesia Bautista, además de ser la más antigua del lugar, constituye un buen punto panorámico, ya que se levanta en la zona de La Loma.
Si de naturaleza se trata, entonces habrá que fijar como coordenadas el Jardín Botánico, que presenta especies traídas por los británicos; la cueva de Morgan, una formación coralina que alimentó leyendas del famoso pirata; y el hoyo soplador, que parece un géiser en medio del mar con chorros de agua que pueden alcanzar los 2 m.
Hay parques ecoturísticos como Westview, donde se encuentra la cueva de la Sirena; y la granja de Job Saas, que ofrece un paseo ver cangrejos, tortugas e iguanas. Y Pig Pond, una laguna que brinda posibilidades de avistaje de aves.
PLAYAS Y MAS.
Claramente la playa y los paseos que hacen foco en el mar son de los más elegidos. En San Luis, al este de la isla, se emplazan los mejores balnearios y donde se asienta la mayoría de los hoteles. Bahía Sardina, por su parte, se localiza al norte y es una playa urbana con vista a la isla Johnny Cay.
Ese será otro de los destinos obligados, tras un viaje en lancha de 15 minutos. Se trata de un pequeño islote sembrado de palmeras donde los turistas se dedican a probar tragos, zambullirse en el agua turquesa o caminar por la arena blanquísima, rodeándolo en pocos minutos. El paseo suele llevar también a El Acuario, un cayo rodeado de arrecifes de coral que lo convierten en el sitio preferido de varias especies de peces, por lo cual resulta ideal para practicar esnórquel.
Quienes se atrevan al buceo, podrán descubrir un universo singular en San Andrés: en sus fondos marinos residen corales de varias especies y cerca de 100 clases de esponjas, además de rayas, barracudas, caballitos de mar, peces globo y un sinnúmero de peces que se aprecian mejor gracias a una visibilidad sobresaliente: entre 15 y 30 m.
En San Andrés se ofrecen también excursiones en semisumergibles y lanchas, alquiler de equipos de esnórquel, esquí acuático, windsurf y kitesurf, así como yates y marinas, y escuelas de deportes náuticos.
UN COMBINADO CON CARTAGENA.
Patrimonio Histórico de la Humanidad de la Unesco desde 1984, Cartagena constituye un destino perfecto para combinar con San Andrés. El enclave no tiene playas pero sí historia y cultura. De hecho, es una ciudad amurallada, a la que se ingresa por la Torre del Reloj. La iglesia de San Pedro Claver; y las plazas de Santo Domingo y San Pedro, son otros sitios de interés para conocer.
En cuanto a los museos, se destacan el Palacio de la Inquisición –que guarda testimonios de las aberrantes prácticas del Santo Oficio en América– y el Museo del Oro Zenú –con finísimas piezas de joyería trabajadas por los indígenas de la zona–. También resultan insoslayables sus fortalezas, como el Castillo de San Felipe de Barajas, un fuerte militar colonial destinado a defender la ciudad de las fechorías piratas; o el cerro de La Popa, sobre el que descansa el convento de la Candelaria, una de las construcciones más significativas.
Luego a visitar esos imperdibles, vale la pena perderse en sus callejuelas empedradas, jalonadas por construcciones coloridas y llegar hasta Las Bóvedas, un conjunto con 47 arcos y 23 bóvedas que tuvo un uso militar para luego convertirse en cárcel y finalmente en uno de los sitios más pintorescos para comprar algún recuerdo.
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