La isla de Fernando de Noronha es la única habitada de un archipiélago formado por otras 20 que integran el Parque Nacional Marino del mismo nombre, a 545 km. de las costas del estado de Pernambuco, en el Nordeste de Brasil. Se trata de un área preservada de 17 km², con poco más de 3.000 habitantes, donde el turismo se desarrolla de modo sustentable: la cantidad de visitantes está limitada a 450.
Su origen volcánico hace del paisaje algo deslumbrante y peculiar y explica las particulares formaciones basálticas que moldean el paisaje, entre las que sobresale el omnipresente Morro do Pico. Pero en Noronha las estrellas son, claro, las playas que año tras año encabezan los diversos rankings del litoral brasileño. Pedazos arrancados de los sueños más delirantes, son además diversas y originales en su belleza. Se dividen, básicamente, entre las que se encuentran en Mar de Dentro –orientadas hacia el continente– y las de Mar de Fora, de cara al Atlántico.
La bahía de Sancho es reconocida de manera unánime como la más hermosa de Brasil. Desde sus acantilados se obtienen vistas de sus aguas de colores inverosímiles. Otra de las más afamadas es bahía dos Porcos, con formaciones rocosas que abrigan piscinas naturales, y enfrentada a los morros Dois Irmãos, conforma otra de las postales del destino. Cacimba do Padre es la preferida de los surfers, con olas que alcanzan los 5 m.; mientras que la Praia da Conceição, por el contrario, es elegida por sus aguas tranquilas y su fácil acceso.
Pero si viaja a Fernando de Noronha, meca de los buceadores y uno de los mejores sitios del mundo para inmersiones por la visibilidad de su mar transparente, que suele alcanzar los 50 m., no puede dejar de asomarse a este universo asombroso. Para una primera aproximación bastará una máscara de esnórquel; o pasear en una embarcación con un piso de vidrio que funciona como una gran lupa. Pero quien tiene la fortuna de visitar este paraíso para pocos, debería atreverse a profundizar un poco más provisto de un tanque de oxígeno y alentado por instructores acostumbrados a guiar a los inexpertos. El universo casi detenido del azul profundo de Noronha invita a nadar junto a peces de colores, añosas tortugas y enormes mantarrayas; y a observar azorados la milimétrica belleza de las esponjas y los colores brillantes de los corales.
Rica también en historia, debido a su estratégica localización, Noronha propone una caminata por Vila dos Remédios, donde se puede visitar el museo y la iglesia, pintoresco templo de 1772; el Fuerte de Nossa señora dos Remedios –del siglo XVIII, desde donde se aprecia una impactante vista de la bahía Santo Antonio–, y el Palacio San Miguel, entre otros. Tampoco se puede dejar de recorrer la isla en buggy o 4x4, en paseos que se detienen con tiempo para bañarse en algunas de las playas más atractivas.
Otra alternativa es seguir los senderos para adentrarse en la naturaleza del lugar. Son 10, con una extensión que varía entre los 2 y los 3 km., todas señalizadas y con miradores que permiten asomarse a nuevos paisajes deslumbrantes a cada paso.
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