Aterrizar en Grecia es como llegar a un mundo completamente diferente donde se encuentran desde las columnas dóricas de la Acrópolis hasta los atardeceres purpúreos en Santorini, este destino es un viaje al origen de la cultura occidental. Y aunque el sueño de conocer este país de Europa puede estar presente siempre, saber cuándo conviene ir puede marcar la diferencia.
Viajar a Grecia es sumergirse en el corazón de Europa, donde cada rincón cuenta una historia milenaria entre ruinas, mar y cultura.
A continuación, te contamos cuál es la mejor época para visitar Grecia y qué aventuras no te puedes perder.
Primavera: la estación dorada para conocer Grecia sin prisas
Si tu plan es recorrer templos, museos y callejones empedrados con calma, la primavera de marzo a mayo es la mejor opción. Las temperaturas son suaves, los campos se visten de flores silvestres, y las hordas de turistas todavía no han invadido los puntos más icónicos del país.
Atenas se siente más íntima, ideal para caminar por Plaka o subir al monte Licabeto y disfrutar de una panorámica inolvidable.
Además, muchos de los sitios arqueológicos como Delfos, Micenas y Epidauro ofrecen una experiencia más grata. Las playas aún no están en su mejor momento para nadar, pero sí para sentarse a leer frente al mar con una copa de vino retsina o un café frappé en mano.
Verano: cuando Grecia se convierte en una postal viviente
El verano griego de junio a agosto es sinónimo de luz cegadora, mar turquesa y festivales tradicionales. Es, sin duda, la temporada más popular entre los turistas.
Las islas como Mykonos, Santorini y Creta están en su mejor momento: bares frente al mar, fiestas en la arena, pueblos blancos resplandecientes y gastronomía que sabe mejor con vistas al mar Egeo.
Eso sí, los precios son más altos y las temperaturas pueden superar los 35°C. Es ideal para quienes buscan vida nocturna, playas paradisíacas y energía en cada rincón, pero menos recomendable para quienes no toleran el calor extremo o prefieren los viajes tranquilos.
Otoño: el secreto mejor guardado del viajero inteligente
Septiembre y octubre son los meses dorados para los viajeros que quieren disfrutar del clima cálido sin el bullicio del verano. El mar sigue cálido, los hoteles bajan sus precios y las ciudades recuperan su ritmo.
El otoño es ideal para caminar por el Ágora antigua en Atenas o para perderse en los paisajes montañosos del norte sin aglomeraciones.
También es una temporada perfecta para los amantes del vino: en regiones como Nemea se realizan vendimias y se pueden visitar bodegas familiares con siglos de tradición.
Invierno: una Grecia diferente, tranquila y cultural
Aunque no es la temporada más popular, el invierno de noviembre a febrero tiene su encanto. Atenas, Salónica y otras ciudades ofrecen una agenda cultural vibrante con festivales, teatro y buena comida sin filas.
Algunos sitios arqueológicos pueden tener horarios reducidos, pero también permiten una visita más introspectiva.
La nieve cubre las montañas del norte, donde se puede esquiar o hacer senderismo. Es una Grecia distinta, perfecta para viajeros que no buscan sol y playa, sino profundidad histórica y experiencias fuera del circuito turístico.
Además, los precios bajan considerablemente y las calles se llenan de locales en lugar de turistas.
Una travesía Grecia desde Colombia
Si lo que buscas es vivir Grecia con acompañamiento en español y sin preocuparte por la logística, Special Tours ofrece un recorrido de 11 días por 2.440 dólares, diseñado para conocer lo esencial del país helénico. Desde el día uno, el viaje promete un equilibrio entre historia, paisaje y descanso.
El viaje inicia en Atenas, allí podrás conocer el encantador barrio de Plaka, con sus tabernas típicas, música en vivo y calles llenas de vida. Durante los siguientes días conocerás lugares como Acrópolis, la Plaza Sintagma, el Estadio Panatenaico y el Partenón.
En Peloponeso, harás paradas en el mítico Canal de Corinto, el Teatro de Epidauro y la ciudad dorada de Micenas. Luego se llega a Olympia, cuna de los Juegos Olímpicos, y luego a Delfos, donde el oráculo aún parece susurrar entre las ruinas.
El camino continúa en Kalambaka, donde se visitan los místicos monasterios de Meteora, suspendidos entre el cielo y la roca.
Y finalmente, el viaje se traslada a Mykonos y Santorini que te recibirá con su arquitectura blanca, playas azules y puestas de sol que parecen de otro mundo.
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